Ojos que no ven, corazón que no siente. ¿Verdad? Tal vez planeas abandonar a tu perro o a tu gato dejándolo cerca de una protectora o una perrera, soñando con que la suerte le sonría. Quizá hayas decidido soltarlo en una zona en la que hay mucha gente con animales, por si alguno decide que dónde come uno, comen dos. Puede que planees entregárselo a alguien que lo tendría en el campo ‘de aquella manera’, pese a que es un animal acostumbrado a piso y cuidados diarios que sufrirá con el cambio de manos. Es posible que tus planes consistan en dejarlo en el medio del monte o, si es gato, en una colonia urbana, queriendo creer que sabrá buscarse la vida.

Pues no te equivoques. Que te quede bien claro. Si vas a abandonar a tu perro o a tu gato de cualquiera de esas formas o de otras semejantes, muy probablemente lo estás matando.

Podrá ser una muerte rápida o podrá vivir unos años para acabar muriendo, antes de tiempo, por falta de atenciones. Pero morirá a causa de tu abandono, no lo dudes. Puede que lo haga atropellado, famélico, en manos de gamberros, tras contraer una enfermedad que nadie se preocupará en curarle, sacrificado, exhausto y deshidratado… Ninguna de las opciones es buena. Tal vez la menos mala sería que muriese tras largos años de encierro en una protectora, esperando a que vuelvas y celebrando las pocas caricias que a unos voluntarios desbordados les dé tiempo a darle.

El abandono no es una opción, es una ejecución

Muy pocos, realmente solo algunos escasos afortunados, tienen la suerte de tener una segunda oportunidad, de vivir felices todos los días que les quedan tras pasar por un abandono.

Y ahora te voy a hablar directamente a ti, que abandonaste a tu pequeña perrita yorkshire a la puerta de la protectora La Bienvenida, en Ciudad Real, una región en la que dedicarse a salvar vidas es como estar en una trinchera en el Somme en 1916. Pero esa es otra historia.

Tu perra pudo haber sido uno de esos animales que logran una nueva familia. Era muy mayor y tenía un tumor de mama sin tratar, pero era muy pequeñita y de una raza reconocible. Esa raza y ese tamaño eran un pasaporte a un buen hogar.

La dejaste atada a la puerta, con su camita, pero a pleno sol. Cuando el primer voluntario llegó horas después de que la abandonaras, ya estaba muerta. En su caso la muerte que sigue al abandono fue rápida y cruel. Y por tu culpa.

Un animal es mucho más que un estorbo  y el abandono no es una opción, es una ejecución.

Esperando que recapacites,

Melisa Tuya