Compareciendo en el Congreso a través de un plasma, como un M. Rajoy cualquiera ante a la prensa –tú, porque estás en la cárcel; él, por la grandeza de la democracia–, conseguiste enternecerme. "Imagino que ustedes saben que se está celebrando en estos momentos un juicio sobre la financiación ilegal del PP de Valencia". No creo que fuese ironía, sino una duda lógica: en esas portadas llenas de banderas, 155 y soflamas patrióticas, era complicado encontrar un hueco para la caja B del PP.

Por eso, tras prometer "no les voy a hacer perder el tiempo", recordabas que allí ya había quedado "clarísimo" cómo os pagaban las campañas. Lo explicaron diez empresarios y, también, "nosotros". "Nosotros", un plural inclusivo que, en alguien que quiso ser llamado Don Vito, remite a la famiglia; pero cuidado, que "aquí no hay ni un solo delincuente, señor". Claro que no; que hablases desde el talego es solo porque cada uno pasa las vacaciones donde quiere. Otros tienen áticos en Estepona...

Sinceramente, yo también creo que hay mucho de paripé en la comisión de investigación sobre la supuesta financiación ilegal del PP. Bueno, en esta y en casi cualquier otra. Todavía recuerdo, por ejemplo, al que fue copresidente de NovaCaixaGalicia, Julio Fernández Gayoso, saliendo airoso de una comparecencia similar poco antes de que la justicia abriese la causa que acabó con él entre rejas por una nimiedad: llevárselo crudo después de que todos rescatásemos su caja.

Una justicia rápida e independiente, que no mire el color político ni la nómina del encausado y que actúe antes de que los delitos prescriban, nos ahorraría situaciones como esta. Y tú no tendrías que señalar a Rajoy en sede parlamentaria, sino en un lugar donde una acusación de ese calado tendría –si se demuestra– las consecuencias oportunas. Afirmar en el Congreso y no ante un juez que era él quien "daba el ok" a todo, le permitirá desviar cualquier pregunta sobre este asunto con uno de sus "No nos metamos en eso". Fin de la cita.

El carácter lúdico de la comparecencia quedaba claro en otra de tus frases. "Cuando todo esto acabe –en referencia a la causa judicial– no tendré ningún inconveniente en estar con ustedes 28 horas diarias; me dan dos Coca Colas Zero y estoy ahí 28 horas".

Si esto acaba como debe, no será necesario que vuelvan a llamarte; y las cocacolas te las llevarán a Valdemoro, donde, seguramente, "tampoco están todos los que son". Todavía.

Vete haciendo sitio. Luis Pardo