'Múltiple': ¿enfermedad individual o social?

LUCÍA ETXEBARRIA. PERIODISTA Y ESCRITORAOPINIÓN
Lucia Etxebarría. Periodista y escritora.
Lucia Etxebarría. Periodista y escritora.
20 minutos

Split (Múltiple) ha arrasado en taquilla este fin de semana. En ella se habla sobre el trastorno de identidad disociada, presentando como ejemplo a un tipo que tiene 23 personalidades y una que va a aparecer. En primer lugar, en el trastorno no aparecen nunca tantas personalidades. Ese es un mito que se creó a partir de un libro, Sybil, basado en un presunto hecho real. La propia periodista que lo escribió y la paciente que sirvió de inspiración admitieron recientemente que la historia estaba falseada. La paciente se había inventado las 16 personalidades para seducir a su terapeuta, que estaba fascinada con el caso.

En segundo lugar, los pacientes con personalidad disociada son siempre víctimas, no victimarios. El 96% de todos los afectados sufrieron repetidos abusos sexuales o físicos durante la niñez (en su mayoría antes de los cinco años) o abandono y desatención. En un 80% de estos afectados se han comprobado los tres traumas.

Este trauma actúa como principio del desdoblamiento en diferentes personalidades. Los niños afectados sufren un peligro constante del que no pueden huir. Tampoco pueden pedir ayuda, pues los agresores son sus cuidadores más cercanos. Para poder superar esta situación, borran los hechos reales de su memoria y creen que no forman parte de la situación. Este proceso sucede inconscientemente y no se puede controlar. Así se desdoblan en dos o más identidades. Cada identidad asume determinadas funciones en las diferentes situaciones y luego puede volver a aparecer en una situación similar.

Por ejemplo, si han sufrido una agresión sexual, crearán una personalidad diferente para tener sexo, porque en la vida consciente no pueden tenerlo. Es el tipo de persona que se despierta al lado de alguien en la cama y no recuerda cómo llegó hasta allí ni lo que pasó.

Algo parecido está sucediendo con nuestra sociedad que claramente sufre un trastorno de personalidad disociada, con diferentes identidades que actúan de forma muy distinta según convenga. Un político no debe consumir cocaína, le supondría un gran rechazo social; sin embargo, es la droga del triunfador y muy consumida entre políticos y ejecutivos.

Se nos afirma que la fidelidad es un valor muy grande, pero todas las series de televisión más vistas (La que se avecina, por ejemplo) presentan los cuernos como algo normal en las relaciones y muestran como raro y friki al que es fiel.

La violación es punible, pero en un programa de televisión de máxima audiencia uno de los concursantes viene a decir que a él una chica no le puede decir que pare cuando han empezado a besarse, porque él "no razona". El público y la cadena le apoyan, y se escucha incluso como alguien llama "zorra" a la chica. Todo esto, en horario infantil.

El maltrato se condena, pero en programas de máxima audiencia el maltrato verbal y el abuso psicológico son recompensados social y económicamente. Los tertulianos más agresivos cobran 17.000 euros al mes (200.000 al año), según datos publicados y contrastados.

Seguro que a mínimo que reflexionen, se les ocurren a ustedes más ejemplos.

Quizá no sea una cuestión tan nueva, quizá venga desde antiguo. Ya dijo Quevedo que la hipocresía, siendo grande pecado en lo moral, es una gran virtud social.

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