La obsesión de todas las potencias imperiales ha sido crear 'su' mapa del mundo. Así, España, que fue el primer imperio verdaderamente global donde 'no se ponía el sol', diseñó rutas para comunicar Europa con sus posesiones en Asia, África y las Américas. No hubo ningún poder equivalente hasta el siglo XVIII, cuando el Imperio Británico se afianzó gracias al control de los mares.

Casi tres siglos de poder imperial dejaron una profunda huella en los británicos que aún perdura en su ADN. No obstante, la tozuda realidad nada entiende de pasados gloriosos. Desde 1945, el Reino Unido se ha mantenido en el centro del poder mundial gracias a sus estrechos lazos con EE UU (el 'primo americano') y su adhesión a la Unión Europea (desde 1973). Pero los británicos, como los franceses o los españoles, ya no tienen un papel protagonista en la escena mundial. Solo tienen peso en la medida en que pertenecen a un gran bloque como es la UE.

A despecho de esta obviedad geoestratégica, y tras una decisión inesperada en un referéndum que no debía haberse convocado, Londres inicia hoy su ruptura formal con el bloque comunitario. El Reino Unido no solo no diseñará mapas, como hace un siglo, sino que afianza su irrelevancia en un mundo global y alienta las fuerzas centrípetas y nacionalistas en el Viejo Continente. ¡Ojalá regresen pronto a la Europa de la que forman parte!