La misma alcaldesa que durante años asistió a las manifestaciones de Òmnium y la ANC, censuró duramente al rey y clamó en infinitud de ocasiones por la libertad de los "presos políticos", fue recibida el sábado con abucheos e insultos de traidora por parte de los independentistas concentrados en la Plaça de Sant Jaume. La jugada maestra de Manuel Valls de regalarle sus votos sin condiciones para evitar un mal mayor –que el republicano Ernest Maragall fuera alcalde–, ha causado un fuerte seísmo en la política catalana. El socialista Jaume Collboni supo rematar la operación exigiendo el compromiso inequívoco de los comunes de formar un gobierno con el PSC excluyendo a ERC. El separatismo vio cómo se le escapaba el control de la capital y lanzó días antes desde sus medios una durísima campaña contra el exprimer ministro francés para acomplejar a los comunes. Pero al final en política siempre pesa más el poder y Colau ha sabido aguantar el chantaje emocional. De ahí la rabia de los grupos separatistas que increparon a los simpatizantes de la alcaldesa y lanzaron algunos objetos cuando la comitiva oficial cruzó la plaza hasta el Palau de la Generalitat.

Para Colau fue "un día triste", reconoció en su intervención. Ha tenido que aceptar unos votos que hieren su orgullo izquierdista, la alejan mucho del independentismo y sitúan a ERC en una línea de oposición dura. En adelante querrá hacerse perdonar y por eso anunció su deseo de volver a poner el lazo amarillo e hizo alusiones a los presos y "exiliados". La presencia de Joaquim Forn, el exconsejero de Interior que encabezó la lista de JxCat al Ayuntamiento, creó un clima de excitación ambiental que fue contestado por Valls. En un brillante discurso en el que demostró su talla de estadista, explicó que hacer política es elegir desde los principios, exigió respeto a la Constitución y recordó que España es una democracia donde los políticos tienen que responder de sus actos ante la justicia.

La nueva etapa se inicia con una victoria amarga de Colau, fue sintomática su cara de aflicción, y la frustración enorme de ERC. Los republicanos creyeron que tenían asegurada la Alcaldía y a partir de ahí iban a poder afianzar su ascenso como primer partido catalán. Quien también avanza es el PSC que, aunque ha perdido Tarragona y Lleida, vuelve a gobernar Barcelona con los comunes y consolida su posición en las ciudades más importantes del área metropolitana. Tampoco es menor el hecho de que la unidad independentista se haya fracturado en bastantes municipios donde incluso ERC y JxCat han acabado a gritos.