Pues serán el 28 de abril, a menos de un mes de las elecciones autonómicas y municipales y empezando la campaña electoral en plena Semana Santa. Desde luego la decisión no es por ahorrar dinero ni por el bien de la productividad del país, ya que España va a vivir, por primera vez en su historia democrática, dos procesos electorales separados por menos de un mes.

El presidente ha elegido esa fecha fijándose obviamente en su interés electoral, lo que era esperable. Según ha concluido el equipo de Sánchez, el PSOE tiene durante un corto periodo de tiempo "una ventana de oportunidad" de ganar las elecciones y situarse por encima de los 110 diputados y ser con diferencia la fuerza más votada. En estos momentos, el PSOE tiene 84 representantes. Si le sale la jugada, le habrá merecido la pena.

Hay dos elementos clave que han llevado a Sánchez a esta conclusión. El presidente ha tenido muy en cuenta que sus dos principales enemigos electorales -Podemos y Ciudadanos- están ahora mismo distraídos, con el pie cambiado para ir a las urnas. O eso cree. Podemos se encuentra en plena división interna, tras el órdago de Iñigo Errejón. En el PSOE van a disfrutar viendo cómo Podemos deja fuera de las listas electorales a los más moderados errejonistas y a la vez este renuncia a dar batalla a nivel estatal por su órdago de ir por separado a Podemos en las elecciones autonómicas.

En cuanto a Ciudadanos, el PSOE en su conjunto van a explotar al máximo la foto de Albert Rivera compartiendo tribuna con el líder de Vox, Santiago Abascal. Sánchez argumenta que votar a Ciudadanos supondría votar a la derecha y desde luego Rivera no está en este mes en el mejor momento para contrarrestar ese mensaje. Así, Sánchez confía en llevarse la mayoría del voto de izquierdas moderado en la cita de abril. Y podría tener razón.

Pero una cosa es la estrategia electoral, y otra por qué hemos llegado hasta aquí. En su intervención, Sánchez ha defendido para convocar elecciones en apenas dos meses que "España no tiene ni un minuto que perder". Tiene razón ahora, pero también la tenía cuando decía algo parecido el pasado mes de julio. Y sin embargo, ha tardado ocho meses en convocar las elecciones. Y también estaba claro que España no podía perder más tiempo cuando en septiembre de 2018, con un Consejo de Ministros aún bien valorado por la ciudadanía, la mayoría de los dirigentes socialistas le pedían que convocase a urnas en ese momento. Y sin embargo, Sánchez decidió seguir en la Moncloa y dijo abiertamente que pretendía seguir ahí al menos hasta 2020.

Con la elección de abril, está claro que España seguirá abocada a seguir en la inestabilidad al menos hasta junio. Es evidente que no habrá mayorías absolutas y que no habrá ningún partido que quiera hacer demasiados gestos de alianzas hasta que pasen las elecciones autonómicas y municipales del 26 de mayo.

Cuando pase esa fecha, Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera y Pablo Iglesias tendrán todas las fichas sobre la mesa. Se jugarán en una única partida qué pactos hacen en el Congreso, y en cada Comunidad y Ayuntamiento en el que sean necesarios pactos. Desde luego no es lo mejor, pero al menos esperemos que, tras esta legislatura tan improductiva y variable, después de verano de 2019 tengamos un escenario aceptablemente estable en este país. Como dice Sánchez, "no hay ni un minuto que perder".