Te voy a echar de menos y aún no sé por qué. Por qué tengo que hacerlo. Lo que sí sé es que ayer, en tu velatorio, te estarías riendo de todo ese circo y de cómo te habían maquillado y pensarías "¡pero cómo!". La cosa comenzó con un dolor de cabeza por el que fuiste a un hospital público de gestión privada del que saliste con un diagnóstico de cefalea sin demasiadas pruebas. Pero no era eso. Era un derrame cerebral que te ha alejado de nosotros a tus 42 años. Hay que joderse. Menuda pepada nos haces. El caso es que antes de irte nos dio tiempo, además de a decir muchas tonterías (nuestro deporte favorito), a comentar el tema. Nos preguntamos tú y yo si se habría podido arreglar algo si aquel día te hubieran hecho las pruebas pertinentes. A veces, oímos a las Administraciones hablar de los recortes en sanidad como algo abstracto. Como un sacrificio necesario. Y privatizan y abren hospitales de gestión privada, que, dicen, salen más baratos. Y ese dinero que se ahorra… ¿de dónde se ahorra? ¿De tu prueba? ¿Del aparato que te habría salvado la vida? ¿Del profesional que no estaba allí porque hay que pagarle?

Como te has ido muy rápido, todo en ti se ha podido aprovechar. Al menos siete personas recibirán vida

Querido Pepe…, todos lo decíamos ayer: se llenó la capilla donde te despedimos porque eras buena 'gente'. Ese tipo de persona que hace de pegamento, que aglutina a los demás. Un amigo generoso (aunque agarrado, seamos serios), fiel y honesto. Y previsor: años antes de que ocurriera vaticinabas el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Tu último buen gesto lo has tenido donando tus órganos. La cara de esa cruz de la Sanidad: los trasplantes. Por cierto, estoy escuchando blues mientras escribo esto. Sé que te gustaría, friki. Como te has ido muy rápido, todo en ti se ha podido aprovechar. Al menos siete personas recibirán vida. Ahora a alguien le late en el pecho tu corazón. Alguien respira con tus pulmones o vive con tu hígado, riñones, córneas… El sistema de trasplantes es el orgullo nacional. Tú eres mi orgullo. ¿Sabes? A ningún cargo público debería permitírsele tener sanidad privada. Pero a pocos altos cargos públicos verás esperando en una silla de las urgencias de un hospital o un ambulatorio. Sé lo que estarás pensando: "¡Hijos de Pou!". No es populismo: hay que gobernar desde el pueblo, no por encima del pueblo. No lejos de las personas, separado, en una burbuja. Pero, ah, claro. Así cuesta menos recortar. O robar, si se tercia. Bueno, chocho, que me alargo. Adiós, Pepe. Espero que haya motos allá donde estés.

Tu amigo,

Isra Álvarez