Ser madre de una adolescente es lo que todas las madres tememos casi casi desde la sala de partos. Cuando te ponen a tu precioso bebé encima y le ves la carita estás ya pensando en los disgustos y cavilaciones que, esa cosita tan pequeña y tan dulce, te dará en unos años, seguramente, los mismos que les diste tú a tus padres pero que ya has olvidado. Y esa temida etapa, sin darte cuenta, llega de golpe y porrazo, casi de un día para otro. Mi hermano me decía: "Un buen día se meten en la playa siendo niñas y salen siendo mujeres" o creyendo que son ya mujeres diría yo.

En Islandia entendían que la implicación de los padres era funcamental para atajar este enorme problemaSí, mi hija ya ha cumplido los temidos 15 y de momento, toquemos madera, lo llevamos con mucha tranquilidad, ambas. La miro y creo ver una casi mujer muy sensata, que tiene ganas de disfrutar, pero que sabe que entre los muchos caminos a escoger, prefiere el de ir despacito, poco a poco. Cuesta ir soltando amarras, cuesta mucho, y piensas que el derecho a equivocarse también es parte del aprendizaje. Pero vamos, no me engaño, su adolescencia está ahí y con ella sus hormonas y los millones de peligros externos que como madre veo por todas partes. Alcohol, drogas, malas compañías, depresión, angustia. Y buscas la fórmula mágica que la proteja de todo eso.

Islandia, (sí, otra vez Islandia, otra vez un país nórdico al que mirar con envidia) ha conseguido pasar de ser el país con mayor tasa de alcoholemia entre sus adolescentes en los años 90 a invertir esa cifra a mínimos. Y lo ha hecho con la combinación de dos elementos básicos: deporte y arte. Hacer ejercicio, cuidar tu cuerpo, y alimentar el alma, música, teatro, danza. Se incrementaron las horas de actividades extraescolares y se ayudó a los padres a conciliar: a que pudieran pasar más horas con sus hijos practicando deportes o acudiendo a obras de teatro o clases de música. Porque entendían que la implicación de los padres era fundamental para atajar este enorme problema. Se prohibió por ejemplo que los menores de 12 años pudieran andar solos por la calle más tarde de las 8. El toque de queda para los menores de 16 es las 10 de la noche. Reglas. Horarios. Aquí se me ponen los pelos de punta cuando escucho a amigos con hijos de 17, 18 años diciendo que quedan a partir de la una de la madrugada. ¡Una de la madrugada!, pero si a esa hora es cuando deberían estar volviendo a casa, como muy tarde.

Comparar nuestra adolescencia con la suya no sería justo, por muchos motivos. Muchas cosas han cambiado, redes, conectividad, acceso a información. Ellos lo tienen todo. TODO. Pero hay algo que no cambia: hay una diferencia abismal entre pasártelo bien después de haber cumplido con tus tareas, obligaciones, a no tenerlas y a tener que buscar cómo llenar ese tiempo, inventándote y buscando formas de cómo pasártelo bien.