El debate en torno a la fiscalidad del diésel es solo la punta del iceberg de un problema mucho más grande. En primer lugar, es necesario centrar el debate en su origen: el diésel es el principal responsable de la contaminación atmosférica en las ciudades, debido a sus emisiones de óxidos de nitrógeno y partículas. Además, el sector transporte (debido a que casi todos los vehículos usan motores de combustión interna, que queman combustibles fósiles) es el único gran sector que sigue aumentando sus emisiones de CO2, principal responsable del Cambio Climático.

Precisamente hace unos días Naciones Unidas ha presentado un informe científico que responde a la gran pregunta a la gran pregunta lanzada por los gobiernos: ¿Podemos evitar un calentamiento global de más de 1,5ºC, que provocaría un Cambio Climático de muy graves consecuencias? Y, en caso afirmativo, ¿qué hay que hacer para lograrlo?

La comunidad científica nos dirá cuánto combustible fósil (petróleo, carbón y gas) podemos quemar para quedarnos dentro de ese límite, y luego habrá que ver cómo se reparte entre los distintos países, sectores, etc. Sin entrar a discutir el reparto (es decir, suponiendo que cada sector dispondrá de la misma porción de la 'tarta' que usa en la actualidad), pero reconociendo que los países desarrollados ya hemos consumido más trozo de esa tarta que los menos desarrollados, Greenpeace le preguntó al Centro Aeroespacial Alemán de cuánto combustible fósil podrían disponer los coches europeos, durante cuánto tiempo.

Y la respuesta, publicada durante la Semana Europea de la Movilidad, es inquietante: en solo diez años los vehículos con motor de combustión interna deben dejar de producirse. Así que cuando se discute del “impuesto al diésel” sepamos que, en realidad, de lo que se trata es de que el combustible de automoción más contaminante deje de estar exento de la misma cuantía de impuestos que pagan el resto de combustibles.

No permitamos más mentiras ni engaños de los fabricantes de coches ni de las petroleras. Y exijamos a los gobiernos y ayuntamientos que, en vez de favorecer a los vehículos que más contaminan y que solo utiliza una minoría de la población, ofrezcan con urgencia alternativas de movilidad sostenible, como propone la Fundación Renovables: peatonal, ciclista, compartida, eléctrica, colectiva… Alternativas que se deben financiar con los impuestos que los combustibles fósiles han evitado pagar hasta ahora.