Hace tan solo unos días Mónica Naranjo ha publicado su último single: se titula Doble Corazón y en él, la pantera de Figueras vuelve a ser aquello que fue durante mucho tiempo: una auténtica fiera en libertad. Va a regresar a la televisión y también ha vuelto a la música con su sonido más reconocible. No hay nada como volver a los orígenes.

A todos, o casi todos los artistas, les gusta cambiar de sonido. Algunos como Madonna se reinventan con cada disco, y otros después de probar diferentes registros se acaban estrellando después de haber perdido su identidad y sus seguidores.

En la música, como en otros ámbitos, salirte del tiesto puede tener consecuencias negativas y un paso en falso podría suponer caer en el olvido. ¿Alguien recuerda aquel disco de sonido callejero que se marcó Alejandro Sanz? ¿Y el disco 'americano' de la Naranjo? Pues eso.

Se me ocurren cantidad de nombres de grandes ídolos como Michael Jackson, Queen, Britney Spears, Abba... que toda su vida sonaron a lo mismo y que pasaron a la historia casi patentando su estilo musical. Otros, como Paulina Rubio o Katy Perry, llevan años probando tanto que se han convertido en artistas desubicadas, y algunos, los menos, que juegan con todo y les va bien. A estos les llamaremos genios. El problema no lo veo en los artistas y sus ganas de probar, es más bien con los seguidores y su sectarismo al escuchar y las doctrinas del mercado. Cuando se entiende la música como una manera de libre expresión todo vale, cuando uno pierde el norte basta con regresar al origen, cuando uno hace lo que le gusta y es honesto no se está confundiendo. El truco es no perder la identidad dejándote llevar por las modas. Y ahora, ¿escucharías a Pablo Alborán cantando reguetón?