Domingo 21 de abril, camino por la Gran Vía de Madrid y voy cruzándome con decenas de lo que me parecen zombis salidos de una película, con una misma actitud: no miran al frente ni atienden a si se van a tropezar o no con el que viene de frente. Ni les importa, eres tú el que tiene que ir haciendo eses para que no te coman, y si les haces un ademán de molestia para que miren por dónde van, te atraviesan con los ojos como si fueras una marciana.

Unos llevan bolsas de compras, otro pasea a su perro, algunos más van en grupo, con niños, solos... pero todos tienen algo en común: son "cuerpos andantes" enganchados a un móvil como el enfermo enganchado a una máquina que le da la vida.

Es domingo, pero podría ser cualquier otro día porque el "apósito" ya no es algo prescindible que se deja en casa porque es fiesta o en el bolsillo mientras caminas o vas al trabajo, es una extensión del cuerpo y los dos pulgares ya no son nuestros, salen del propio móvil y se mueven de manera vertiginosa sobre el celular y sus aplicaciones, que a su vez son las que nos ordenan el cerebro, no al revés. Tal cual parece. Nos falta lo que han hecho en China, poner aceras especiales para la gente que va pegada al móvil. ¡Para echarse a llorar!

Una encuesta de Ibope Media, publicada por Movistar, dice que el deseo de estar todo el tiempo conectado ha aumentado el uso de los smartphones y que entre las personas que los compran, el 58% dice que consumen aplicaciones y juegos, que coger el móvil es la primera actividad que hace el 33% de los encuestados al despertarse y que el 27% lo utilizan incluso cuando están en el cuarto de baño.

No quiero decir yo que esto sea ni bueno ni malo, pero sí que el abuso, por lo general, es poco recomendable. Sales a comer y en la mesa de al lado, los comensales no se relacionan, están abducidos por la máquina; te reúnes con la familia y siempre hay varios "desconectados" del grupo mirando para abajo; y si sales con amigos, no hay debate o discusión que no necesite la ayuda del móvil porque nuestra memoria se ha entregado a la tecnología de tal manera que para qué esforzarnos en recordar nada que no solucione la extensión corporal.

Yo quiero seguir saliendo con mis amigos, hablar con ellos no con sus móviles ni por Whatsapp y contarnos de nuestras vidas sin que haya un estorbo vibrando sobre la mesa que puede interrumpir y que acaba interrumpiendo.

Que sí, que es verdad que es muy útil, que si no sabes dónde estás, el móvil te lo dice; haces con él las fotos que quieras, puedes comunicarte con tus amigos, leer las noticias, pagar facturas, enviar y recibir correos... Sí, la vida es más fácil con este adminículo. Pero yo, que quieren que les diga, donde esté el calorcito humano...