Discutieron y le dio un mal  golpe, después le asfixió. Es la confesión de la  asesina del pequeño Gabriel. Maldad en estado puro.  Es obvio,  le estorbaba el chaval  en su relación de pareja. Es ‘ la bruja mala’ de este cuento trágico que la madre del niño  pide que nos saquemos de la cabeza. "Que cese la ira", clama,  para que  la muerte de su hijo no saque lo peor de nosotros. Ni el acoso a familiares inocentes de la inculpada  ni los linchamientos honran la memoria del crío. El odio es socialmente tóxico.