España y más España

CARMELO ENCINAS. DIRECTOR DE OPINIÓN DE '20MINUTOS'
El PSOE presenta su nuevo lema: 'Ahora Gobierno, Ahora España'.
El PSOE presenta su nuevo lema: 'Ahora Gobierno, Ahora España'.
EP

Si Íñigo Errejón hubiera dispuesto del asesoramiento técnico de Iván Redondo, el consejero áulico de Pedro Sánchez, seguro que le habría convencido para bautizar su partido con el nombre de Más España. Y habría sido un acierto, lejos de quienes desde la izquierda le temen al término España por entenderlo propio de la derecha.

Aunque también me resulte algo absurdo puedo comprender la reticencia de la progresía al flamear de la bandera roja y gualda para no colisionar con la tricolor de la nostalgia republicana. Extender, sin embargo, tales reparos a la palabra España y permitir que la patrimonialice el conservadurismo, como si solo ellos se sintieran españoles, es un error de bulto que revela hasta qué punto puede perderse el sentido de la realidad.

De haber apellidado su partido con ese término, en lugar del de "país", estoy seguro de que Errejón habría dado un golpe de efecto impagable en réditos electorales y nadie a la izquierda se hubiera atrevido a afeárselo públicamente o, al menos, no sin miedo al ridículo.

Sánchez supo verlo y ha incorporado el título por todo lo alto a su lema de campaña. "Ahora gobierno. Ahora España", reza el lema del PSOE para el 10-N en un intento desacomplejado de presentarse como el partido de la patria, en abierto contraste con el patrioterismo.

"Somos la izquierda que no se avergüenza de la palabra España", proclamó el candidato socialista en la presentación del lema de campaña y hasta 40 veces la citó, lo que a algunos de sus rivales políticos que se venden como más españoles que nadie les debió caer como 40 mazazos.

Ni qué decir tiene que esta puntada lleva hilo y que el uso de esa terminología va dirigido al electorado de centro, el caladero más huérfano y desconcertado en los tiempos actuales y, por tanto, el más volátil.

Lejos de lo que pueda parecer, las circunstancias que rodean los comicios del 10 de noviembre no le son nada favorables a los radicalismos, las posiciones maximalistas y el griterío político. La gente está asustada y lo que quiere es sosiego, no broncas inútiles.

Esta vez, tanto el PSOE como el PP han coincidido desde posiciones diferentes en esa lectura sobre el estado de ánimo de la ciudadanía. El temor a una recesión económica, la incertidumbre sobre el brexit y la deriva de la crisis de Cataluña configuran una atmósfera social que demanda prudencia, sensatez y sentido de Estado, y quien no sepa oler ese viento corre el riesgo de naufragar en las urnas.

Pablo Casado ya lo entendió tras la primavera electoral en que salvó los muebles por los pelos gracias al Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid y ha corregido el tiro hasta proyectar una imagen de templanza que, a tenor de lo que vaticinan las encuestas, lleva camino de proporcionarle unos resultados capaces de conjurar el aliento de Ciudadanos, que meses atrás amenazaba su cogote.

El Casado de los 19 insultos en un minuto ha dado paso al líder templado y decidido a concurrir a las próximas elecciones sin estridencias.

Unos y otros habrán de vender otra forma de hacer política si quieren ilusionar a un electorado desafecto y profundamente aburrido. La citen o no en los carteles electorales, algo de ilusión ya se merece España.

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