Sirviéndonos del dicho, Barcelona ha salido de Guatemala tras cuatro años de Ada Colau al frente de la alcaldía para entrar en Guatepeor con la victoria del candidato independentista. El republicano Ernest Maragall se ha impuesto por apenas unas décimas como lista más votada con lo que si no hay ninguna sorpresa se convertirá en el nuevo alcalde.

Entre ERC y Barcelona En Comú hay un empate en número de concejales, 10 para cada uno, pero Colau no puede articular una mayoría alternativa en el consistorio. Para alcanzar los 21 votos necesarios tendría que tirar de la mano no solo del PSC sino de la candidatura de Manuel Valls, lo que parece del todo descartado. Otra opción sobre la que se había especulado antes de las elecciones sería la de un pacto entre las dos fuerzas principales, pero eso parece menos probable tras la campaña. Todo parece indicar que Maragall intentará gobernar en solitario, como mínimo durante un tiempo, con los apoyos externos de los cinco concejales de JxCat, sus socios en la Generalitat, y ensayando acuerdos de geometría variable.

Para la alcaldesa la derrota supone un durísimo golpe, que no sólo abre un interrogante sobre su continuidad, sino que pone en riesgo la viabilidad del proyecto político de los comunes, que había quedado reducido a su fuerza en Barcelona. La razón de que no haya podido superar ese puñado de miles de votos con los que Maragall le ha aventajado en la recta final, radica en la fuerte recuperación del PSC, cuyo candidato Jaume Collboni ha hecho una buena campaña. Los socialistas en Cataluña se han beneficiado del momento dulce tras la victoria de Pedro Sánchez en las generales, lo que les que ha permitido obtener mayorías absolutas en ciudades metropolitanas como Cornellà, L'Hospitalet o Santa Coloma.

El ascenso de los republicanos se produce a costa del espacio neoconvergente. Lo que sube uno lo pierde el otro. En el campo independentista destaca también la desaparición de la CUP del consistorio y el fracaso de la lista avalada por la ANC (Barcelona Capital), que defendía un separatismo aún más radical y xenófobo. Finalmente, la candidatura de centro liberal constitucionalista de Valls se ha quedado muy lejos de sus expectativas iniciales. Solo mejora levemente los resultados de Ciudadanos a costa de la erosión del PP, que conserva por los pelos su presencia en el Ayuntamiento. El exprimer ministro francés no ha podido convertirse en el voto útil del constitucionalismo porque su estrategia moderada se ha visto lastrada por el discurso bronco de Albert Rivera.