¿Un dictador demócrata?

ANDRÉS ABERASTURI. PERIODISTAOPINIÓN
Andrés Aberasturi, colaborador de 20minutos.
Andrés Aberasturi, colaborador de 20minutos.
JORGE PARÍS

Si no fuera tan trágico lo que está ocurriendo en Turquía, cabría preguntarse quién no ha sido detenido o qué no ha sido cerrado. Cada vez resulta más tentador creer que todo lo sucedido en estos últimos días estaba perfectamente organizado por el propio Erdogan. No es fácil que un golpe militar fracase desde dentro y tan pronto y menos fácil aún entender la reacción del gobierno del dictador democrático (no es una contradicción, los hay y muchos) al que le ha faltado tiempo para, con la disculpa de la fracasada -o no- asonada, 'limpiar' de arriba abajo todo lo que le molestaba.

Es lógico defender la democracia y es lo que han hecho los países europeos y, naturalmente, los Estados Unidos, a los que desde siempre les han preocupado más sus alianzas que los regímenes de sus aliados. Es fácil, insisto, solidarizarse con el orden constitucional frente a un intento de golpe de Estado militar, pero habría que andar con pies de plomo. Habría que enterarse muy bien de los entresijos del extraño golpe y, sobre todo, habría que valorar la reacción de Erdogan, que no para de detener, expulsar, clausurar y condenar desde que volvió de su supuesta y nada valiente huida.

Amnistía Internacional ha denunciado torturas y palizas a los detenidos tras el frustrado golpe, detenidos que se cuentan por millares: no menos de diez mil; se han arrestado al menos a 42 periodistas, han aumentado los controles -aún más- y las restricciones a la libertad de prensa; se ha despedido al menos a 60.000 trabajadores y se han cerrado cientos de colegios, más de 2.300 instituciones privadas, 1.229 organizaciones no gubernamentales, 19 sindicatos y al menos 15 universidades. Se podría seguir con estas cifras disparatadas pero sirven para dar una idea de lo que está ocurriendo en la Turquía donde Erdogan ha encontrado la coartada perfecta para eliminar de una sólo golpe a todo aquel que se oponga a sus ideas.

En Turquía hay demasiados intereses creados por demasiados países, ideologías y miedos y es hora de plantear las cosas claramente y de poner sobre la mesa una realidad que debería ser inadmisible y que vuelvo a repetir: Erdogan es un dictador elegido democráticamente que hace lo que quiere y atropella los viejos derechos que la UE no puede consentir.

Esto no es de recibo y Europa debe dejárselo claro al gobierno turco que insiste en llamar a las puertas de una Unión ya bastante martirizada, desorientada y contradictoria como para añadir sin más semejante problema. Lo malo es que aquí todos juegan a la hipocresía y se establecen dictaduras de primera y de segunda, gobiernos que atentan a diario contra los derechos humanos pero que ocupan tranquilamente un puesto fijo en el Consejo de Seguridad de la ONU. Debe ser la política, la diplomacia, el equilibrio, lo menos malo... pero la verdad, da bastante asco.

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