Inflación: el impuesto de los pobres

Calviño considera que la inflación es "transitoria"
Calviño considera que la inflación es "transitoria"
Europa Press

Hay que confiar en que el Gobierno acierte en sus previsiones: que la economía crecerá mucho más de lo que auguran todos los organismos nacionales e internacionales, públicos y privados (la OCDE acaba de rebajarla del 6,8 al 4,5%); que el paro disminuirá de forma sostenible, como lo está haciendo en los últimos meses; y que los precios frenarán su imparable subida. Pero son solo previsiones, y la realidad no siempre las convalida.

Por desgracia, las predicciones que se hicieron sobre la evolución de la pandemia no se han cumplido en su plenitud, porque el comportamiento del virus es indescifrable. Y esa imprevisibilidad se ha trasladado a todo aquello cuyo desarrollo depende muy directamente de la calamidad sanitaria, como la economía.

El Gobierno se encuentra con el descontento de algunos sectores sociales, afectados por algo que provoca serios problemas a muchas familias: que el IPC se nos haya escapado de las manos hasta el 5,6%. Y, como bien se sabe, a un ciudadano con ingresos altos la subida de los precios le puede incomodar, pero a quien tiene ingresos medios o bajos, la cesta de la compra, el gas, la luz y la gasolina le destrozan su limitado presupuesto mensual.

Ahora, el gran debate va a ser el de los salarios. Como es habitual, los sindicatos piden una subida de los sueldos que permita a los trabajadores sostener su nivel de vida y no perder poder adquisitivo. Y, como es habitual, los empresarios advierten de que una subida relevante y generalizada podría provocar el efecto contrario al que se busca: una espiral inflacionista que resultaría incontrolable. El gobernador del Banco de España comparte ese criterio.

Una duda añadida es qué efecto puede tener la subida de los precios en las cuentas del Estado. Consideran los economistas que, si las familias mantienen su nivel de consumo a pesar de la subida del IPC, lo que se produce es un importante aumento de la recaudación mediante impuestos, especialmente el IVA. Pero también puede ocurrir lo contrario: que la subida de la inflación se mantenga en el tiempo, que las familias reduzcan su consumo por no poder sostener su nivel de vida y que, como consecuencia, los ingresos del Estado caigan por debajo de lo previsto.

Si la subida de los precios fuese transitoria, como prevé el Gobierno, estaríamos hablando de un episodio pasajero y con importancia relativamente menor. Pero en el caso de que los productos y servicios básicos se sigan encareciendo durante meses, podríamos entrar en un proceso muy dañino para los sectores que más han sufrido las consecuencias económicas de la pandemia y que, en muchos casos, aún no se han podido recuperar. La alta inflación es el peor impuesto para las familias.

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