Sarah Morris  Corresponsal británica en España

Un héroe en quien confiar

Daniel Craig en 'Sin tiempo para morir'
Daniel Craig en 'Sin tiempo para morir'
Cedida

Esta semana mi pareja y yo fuimos a ver a la última película de Bond, Sin tiempo para morir. Entramos un tanto eufóricos en el cine (y no solamente por haber logrado salir juntos y sin el peque): las aventuras del agente más famoso británico despiertan algo especial entre los que crecimos en el Reino Unido.

He pasado muchos buenos momentos con Bond. Durante las fiestas navideñas en mi país suelen emitir alguno de sus títulos antiguos en la televisión y había pocas películas que podías ver siendo adolescente en casa con tus padres o abuelos sin avergonzarte y, al mismo tiempo, sin aburrirte. Acción, glamour y la sugerencia de sexo (Bond liga mucho pero en realidad no ves casi nada), la fórmula lleva acertando desde los años 60.

Tal es el cariño que tenemos hacia Bond que cada una de las películas estrenadas, salvo Licencia para matar, ha generado ingresos en el Reino Unido de más de 100 millones de dólares, según la revista de negocios Forbes, que ajustó las cifras teniendo en cuenta la inflación. 

Si quieres vivir o viajar por la isla británica y entenderte con nosotros, debatir  sobre quién es el mejor Bond o pelear por tu favorito es incluso mejor que comentar el cambiante tiempo.

"Debatir sobre quién es el mejor Bond o pelear por tu favorito es incluso mejor que comentar el cambiante tiempo"

Fuera de casa, el hombre que consume vodka martini agitado, pero no mezclado, también triunfa, haciéndole una de las armas más potentes de la marca británica. Se ha estimado que una de cinco personas que viven en la planeta han visto por lo menos una entrega de Bond. Probablemente es por esta razón que la reina Isabel II accedió tirarse desde un helicóptero con Daniel Craig en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de 2012 en Londres.  Por supuesto, tenía su propio paracaídas, porque es una mujer independiente y no iba a lanzarse agarrada a Craig cómo una 'Bond girl' cualquiera.

Los expertos creen que la creación de Ian Fleming ha ayudado a Gran Bretaña, junto a otros bienes culturales como Shakespeare, a superar a países como Estados Unidos y Francia, e incluso a ganar el primer puesto algunos años, en algún ranking del poder blando como el Global Soft Power Index, que publica Brand Finance. La consultora define el “poder blando” cómo “la capacidad de una nación de influir las preferencias y comportamientos de varios actores internacionalmente… por atracción o persuasión en vez de la coerción”.

En estos momentos de crisis, necesitamos a nuestro héroe más que nunca. Sin tiempo para morir ha salido tarde por la pandemia y llega en un mundo donde el país de Bond está liderado por “un hombre cuya palabra no es de fiar mucho en el extranjero, no es de fiar mucho por su propia población ni por sus propios diputados”, como escribe esta semana el editorial del Financial Times.

El primer ministro Boris Johnson vio la película cuando salió en Londres en la sala de briefing que él había mandado a construir en el estilo de la Casa Blanca, la misma sala donde su equipo grabó una practica de cómo vender una fiesta en Downing Street al público mientras el resto del mundo no podían reunirse con sus familiares.

Con los que mandan para el Gobierno de Su Majestad actuando así, el público prefiere ver un héroe en quien confiar incluso aunque sea ficticio. Por eso me alegró que incluso el espía más sexista va modernizándose. Este último 007 no solamente trabaja con millenials, sino que aprende incluso a tratar a dos espías mujeres cómo iguales y sin acosarlas sexualmente. (Por cierto, La actriz Ana de Armas protagoniza unas de las mejores escenas de la película.) Algunos fans de Bond ahora quieren una Jane Bond. Que sea Jane o James, pero que vuelva pronto.

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