Presidente y polémica

El presidente de EE UU, Donald Trump, en una rueda de prensa antes de dirigirse a varios mítines de campaña en Michigan, Wisconsin y Minnesota.
El todavía presidente de EE UU, Donald Trump, en la campaña electoral.
EFE

Al fin las previsiones se han cumplido con retraso, pero ambas se han cumplido o se están cumpliendo: Joseph Biden fue elegido presidente de los Estados Unidos y Donald Trump, que estrena su condición de derrotado, está montado el follón judicial, y probablemente callejero, que de él se espera, como ejemplo que es de quienes no saben perder.

Al final, han sido los votos del electoralmente importante estado de Pensilvania quienes han redondeado la victoria del candidato demócrata. Sobre el papel, la elección del cuadragésimo sexto presidente norteamericano ha terminado, aunque no parece arriesgado pronosticar que todavía dará mucho qué contar. Trump, que ya antes de terminar las votaciones, denunciaba que le estaban robando los votos, difícilmente va a reconocer que ha perdido.

Ante cada recuento de papeletas que no le anticipaba como ganador, se desgañitó denunciando que la elección era un fraude. Toca esperar, por lo tanto, que dicen los tribunales sobre sus impugnaciones, y cómo mueve sus hilos para que los hooligans que le siguen expresen las protestas e incidentes que se temen.

El interés que siempre despierta la política norteamericana y el morbo que crea el esperpéntico personaje que la venía protagonizando tampoco es probable que se volatilicen a corto plazo. Trump seguirá en el cargo hasta el 20 de enero en que tendrá que entregar las riendas a su enemigo. A ver qué hace, se preguntan muchos. Mientras tanto, seguirá gobernando.

Quienes conocen su soberbia, sus excentricidades y sus odios, se también se plantea la duda sobre lo que hará con su estatus reducido a presidente en funciones. ¿Cómo aceptará la tradición de reunirse con su sucesor para ponerle al día sabiendo que él ya no será el protagonista al que enfocan todas las cámaras?

Y entre tanto, mientras rumia la rabia que sin duda le corroe, qué disposiciones adoptará tanto en la actividad política nacional como en la internacional. Como no es tonto, sólo engreído y estrambótico, podría ocurrir que opte por guardar las formas y suavizar sus impulsos, pero son muy pocos los que confían que no prefiera despedirse con alguna de las extravagancias con las que pasará a la historia.

El triunfo de Joe Biden le convierte en el presidente con más votos personales de los Estados Unidos y el primero que asume el cargo acompañado de una mujer, Kamala Harris, como vicepresidente. Su éxito en las actuales  circunstancias es un alivio mundial.

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