No country for Pablo Casado

Omar Anguita  Diputado y portavoz Socialista de Infancia y JuventudOPINIÓN
El líder del PP, Pablo Casado, a Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados: “Mintió a los españoles para ganar las elecciones y al día siguiente pactó con los secesionistas para que le hicieran presidente; ha quedado claro que se debe a ellos y no a los españoles”.
El líder del PP, Pablo Casado.

No fue fácil. En realidad, nunca lo hemos tenido fácil. Esta semana conmemorábamos los tres años desde que Pedro Sánchez se convirtió en el nuevo presidente del Gobierno, mediante una moción de censura. Una moción de censura que hizo de cortafuegos a la corrupción del Partido Popular. Una moción que ha apartado de la bancada azul del Congreso a ministros que han tenido y tendrán que pasar por sede judicial. Una moción que hizo que millones de españoles volviesen a creer en la política justa, de y para todos y todas.

Fue la propia justicia española la que estableció en una sentencia días antes de la moción la que señaló la corrupción de Génova 13. El propio extesorero fue condenado a 33 años de prisión. Luis Bárcenas y sus papeles se convirtieron en el foco informativo de este país durante esos años y aún lo siguen siendo. Unos papeles en los que el recepto del mensaje 'Luis, sé fuerte' tenía anotados todos y cada uno de los pagos en B del PP. Una suerte de sobresueldos de la infamia. Un dinero procedente de empresarios que ganaban así licitaciones y contrataciones en las diferentes administraciones donde el Partido Popular gobernaba.

Recordemos que fue en febrero del año 2009, cuando ‘M punto Rajoy’ y la cúpula política del Partido Popular afirmaban con rotundidad que no había una trama de corrupción en el partido sino, más bien una trama contra el partido. Trataban de hacernos creer que todas las informaciones que apuntaban a una corrupción estructural eran simplemente difamaciones contra el propio partido y sus dirigentes. Una caza de brujas injustificada y pertrechada desde la rivalidad política de la peor calaña.

Salió M. Rajoy a dar una rueda de prensa rodeado de todo sus ‘mandamases’ del partido: Ana Mato, Francisco Camps, Rita Barberá. Un elenco digno de cualquier serie de Netflix que, solo unos pocos años después, comenzó a ser llamado por la Justicia.

Curiosamente, el mismo tribunal que dictó la sentencia que estableció que el Partido Popular funcionó durante años con una contabilidad en B, puso en duda la credibilidad del testimonio de M. Rajoy, que recordemos tuvo que declarar como testigo en el juicio. Una evidencia de que los populares tienen dos grandes problemas: uno, la corrupción, y otro, el no conseguir desligarse de ella.

Ahora, días después de la reconversión en actriz de María Dolores de Cospedal, la madrina de Casado, me viene a la cabeza, precisamente eso, que fue ella quien impulsó la candidatura y consiguió los apoyos, cediéndole sus avales, para que Pablo Casado se convirtiese en el nuevo presidente del Partido Popular. Esta misma semana, Cospedal ha sido de nuevo imputada. También su marido, empresario vinculado a la misma trama de corrupción.

De un partido de Estado que se presupone que es el Partido Popular, solo cabría esperar explicaciones y asunción de responsabilidades por lo que fue una de las mayores tramas de corrupción de nuestra historia. Pero a la vista de los acontecimientos, no podemos pensar que Pablo Casado o los actuales dirigentes del Partido Popular tengan ese sentido de Estado, que no es otro que el sentido de la lealtad, de la altura moral y del amor a España.

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