Elías Israel  Periodista
OPINIÓN

Los motivos del meneo histórico del Barça de Xavi al Madrid

Los jugadores del Barça celebran la victoria ante el Madrid.
Los jugadores del Barça celebran la victoria ante el Madrid.
EFE

Habrá un antes y un después de este Clásico del Santiago Bernabéu. El feudo blanco vivía aún los efluvios de la memorable remontada contra el PSG en la Champions League. Amparado en su ventaja en la clasificación, el Madrid salió con una empanada monumental y el Barcelona, con enormes ganas de demostrar que las distancias entre los dos grandes de nuestro fútbol ya no existen. Un baño futbolístico de primer orden movió los cimientos de las obras del templo blanco. Las razones de este histórico meneo son variadas y muy evidentes. El Barça hizo el partido soñado y el Madrid persiguió y recuperó fantasmas de otros tiempos.

El Barcelona se jugaba mucho más en el envite y se tomó el partido con la necesaria pasión, con una enorme personalidad, pero sobre todo con un dominio de la escena y del balón que recordó al mejor Barça.

Xavi Hernández sale reforzadísimo en su liderazgo y en su mensaje. El enorme vacío que podría emanar de la marcha de Leo Messi ya está cubierto, en tiempo récord, por su entrenador. El estilo Barça volvió a campar por el templo blanco y, gracias al perfecto planteamiento de uno de los guardianes más especiales de una manera de entender este deporte. La afición culé disfrutó como hacía años de una exhibición impresionante con algunos nombres propios, que explican, más allá de Koeman, la diferencia entre el Barça de la primera vuelta y éste.

Pedri, al que el Real Madrid rechazó dos veces, desplegó su enorme talento y evidenció que es un centrocampista único; Aubameyang hace buena la máxima de que los grandes equipos necesitan grandes delanteros y es probable que sea uno de los fichajes más rentables de la historia del club en su relación calidad-precio; Ferrán Torres empieza a recuperar su olfato, porque la verticalidad y la ambición nunca le faltó. A la fiesta se sumó Busquets, que gobernó el juego de principio a fin. Araujo fue una pesadilla para Vinicius Jr. y el uruguayo marcó un golazo imperial.

En clave madridista, el único asidero para explicar semejante hecatombe es la ausencia de Benzema, pegamento de casi todo y héroe ante el PSG. Ancelotti dirigió uno de los peores partidos de su carrera. Se equivocó de lado a lado, jugando sin 9, queriendo inventar con Modric de falso 9, desvistiendo así su centro del campo. Si juegan con delantero puro todo el año, no tiene sentido cambiar en un partido así. El Madrid perdió desde la pizarra y desde la motivación. Eso señala directamente al técnico.

Tras el monólogo azulgrana en el primer tiempo, el remedio fue peor que la enfermedad. Dos cambios rarísimos empeoraron al equipo blanco y en ocho minutos la sangría era ya una evidencia. Ancelotti colocó tres centrales y los puñales del Barça encontraron huecos para reabrir heridas del pasado. Este tiro en el pie le puede costar más caro de lo que parece.

Con 0-4, el madridismo desfilaba hacia sus casas cuando se cumplía el minuto 70, síntoma inequívoco de una noche de terror. Xavi, entretanto, pedía más a los suyos con el 0-4, síntoma inequívoco de su hambre, su ambición y su ansia por equiparar a su Barcelona con los mejores de la historia. El partido no parecía trascendente para la Liga, pero el partido es de los que disparan la moral de unos y las dudas de otros. Esta memorable actuación en el Bernabéu marca el primer punto de inflexión de Xavi en su carrera como técnico del Barça.

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