Borja Terán  Periodista

'El condensador de fluzo': crónica de un triunfo "histórico" para La 2

Raquel Martos y parte de los colaboradores de 'El condensador de fluzo'
Raquel Martos y parte de los colaboradores de 'El condensador de fluzo'
TVE

Desde hace mucho tiempo sabemos que contar la historia de la humanidad no debe ser aburrido. Sólo hay que ver los documentales de los canales temáticos que ya han introducido con naturalidad todos los cebos y giros dramáticos de los programas de corazón. A menudo, hasta se pasan de frenada con tanta intensidad melodramática que no sabes si, al final, acabará el episodio con un polígrafo a Tutankamon. Pero, cuidado, quizá estemos confundiendo 'entretenido' con 'sensacionalista'. Y no, no es lo mismo. En el lado (casi) opuesto: El condesador de fluzo de La 2 confirma que la comedia puede servir para acercar la historia de manera atractiva, amena y con riguroso espíritu crítico. Todo es compatible. Porque en la tele se puede hacer de todo, todo depende de como se haga.

El primer gran acierto, ya a simple vista, de El condensador de fluzo es apostar por una escenografía con atrezo tradicional. No es una pantalla intercambiable y listo. El plató cuenta con varias alturas y guiños de corchopán a su contenido. Se crea una atmósfera con su propia máquina del tiempo, el condensador, que preside el plató a modo de plasma gigante. Por ahí van pasando expertos a los que va recibiendo la presentadora del sarao, Raquel Martos. 'Expertos', esa palabra prohibida en televisión. Dicen que cuando la nombras baja la audiencia. Y ahí, justamente, estriba la gran dificultad del programa.

El condensador de fluzo busca que comprendamos pasajes de la historia sin necesidad de prácticamente imágenes. Porque, claro, no suele haber imágenes de lo que se habla. Al óleo, si eso. La fuerza del programa recae en la palabra. Pero es un programa de televisión: tiene que entrar por los ojos. El reto es complejo, ya que es un formato muy pesado en guion y la parrafada debe entenderse bien por la multipantalla en la que vivimos.

Cuando abundan los datos la tele se puede aturullar. Pero El condensador de fluzo bebe de la escuela del monólogo clásico. Su humor permite atraparnos mientras aprendemos. En este sentido, es crucial la labor de su presentadora, Raquel Martos, con una energía que naturaliza todo lo que toca. Su sonrisa, que se ve incluso a través de la radio, también demuestra que en televisión no sólo es importante qué se cuenta, sino que también es vital quién te lo cuenta. 

Martos otorga esa humanidad que allana lo enredoso. No es tarea sencilla, pues el espacio se estructura en una mecánica muy estática. Sin embargo, ella da al texto la cercanía de la empatía honesta. Porque sí, se puede ser empático, creíble e incluso sonreír en un programa de historia. Porque menuda es la historia... Sonreír con ella es una buena manera de descubrir y explorar nuevos conocimientos desde un canal como La 2 que, en estos últimos años, ha recuperado su esencia de reflejar la cultura con los ojos de la curiosidad de la juventud. Así se hace la cultura más inclusiva. Fuera 'exclusividades'. Y compartamos (buenas) historias. Hasta de la propia historia.

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