Belén Molleda  Periodista
OPINIÓN

Los señoritos de Europa

El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont en pleno de la asamblea de representantes del Consejo por la República en Canet-en-Roussillon, Francia.
El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont.
EFE/ David Borrat

Si algo no esperaba en estos tiempos tan convulsos era una división tan manifiesta de los protagonistas del procés. No obstante, y visto de otro modo, demasiado han aguantado. Desde que Puigdemont salió pitando de España cuando su reivindicación separatista se le complicó, dejando empantanados a sus compañeros de fatigas, nunca entendí cómo los que estaban involucrados en aquello pudieron mantener la compostura y conservar un mínimo de discurso en común.

Contradicciones de la vida, ha tenido que ser Putin el que haya contribuido a dejar en evidencia al de Waterloo y, me atrevo a decir, a dar la puntilla a un procés que comenzó en 2012, se desarrolló de una manera chapucera y nunca debió de existir, máxime en un marco de UE donde ni se quiere oír hablar de independentismos. Los presuntos lazos entre Puigdemont y el Kremlin han desatado las críticas de un Rufián que ya no se contiene en sus reproches al de Waterloo y su entorno, a quienes acaba de tildar de "señoritos" que se paseaban por Europa, relacionándose con gente equivocada, mientras se creían "James Bond".

El autócrata ruso también ha logrado, sin buscarlo, que la Generalitat participe en la Conferencia de Presidentes autonómicos, a la que no asistía desde 2012. Aragonès fue de mala gana, eso sí, no se hizo la foto de rigor, esto también, pero fue y apoyó lo que allí se acordó. El objetivo: contrarrestar el impacto de la guerra en Ucrania.

Lejos de lo que buscaba, Putin no solo ha logrado reforzar los lazos dentro de la UE, al mostrar el frío que hace fuera de ella –por si alguien tuviera la tentación de abandonarla–, sino también de la propia España. Dicho esto, ¡ojalá termine ya la guerra!

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