Helena Resano  Periodista
OPINIÓN

Abierta una investigación

Varias personas en el acto sobre lña División Azul Madrid el sábado pasado en el cementerio de la Almudena.
Varias personas en el acto sobre la División Azul Madrid en el cementerio de la Almudena.
EP

Apenas son 300, un pequeño grupo que ha conseguido hacerse un hueco en los medios por presumir de su odio antisemita y de su ideología nazi. 300 que, vistos así, son muchos, pero si nos alejamos un poco, no tantos. 300 que sabían que haciendo lo que estaban haciendo provocarían a una parte de la sociedad, llenarían de odio redes y medios y lograrían lo que buscaban: su minuto de gloria.

Pero, sinceramente, los ves, ves la performance que se montaron en el cementerio de la Almudena, con su cura con sotana bendiciendo la reunión y las proclamas que estaban soltando, que, sinceramente, suena a demasiado preparado, a demasiado ensayado, a un tanto artificial. A no saber muy bien lo que están diciendo, a repetir sin pensar frases fabricadas y repetidas durante mucho tiempo para que al final suenen creíbles.

Nostálgicos del franquismo que querían recordar a los soldados que lucharon en la II Guerra Mundial en el bando nazi

La idea era reunirse en el cementerio de la Almudena y rendir homenaje a los caídos en la División Azul. Nostálgicos del franquismo que querían recordar a los soldados que lucharon durante la II Guerra Mundial en el bando nazi, a los mandos de Hitler, para defender esa Europa que dibujaron el Führer y sus aliados. Dejarles unas coronas de flores, rezar algo (para eso entiendo que estaba presente el sacerdote con su sotana) y recordar batallas. Bueno. Están en su derecho, desde luego. Lo hacen cada año, de hecho. Hasta ahí, nada que objetar… o casi nada.

El problema empezó cuando quisieron convertir una reunión de unos pocos en noticia. Y para eso eligieron muy bien el cómo. La chica que ha acaparado los focos y que ha generado en redes una corriente de odio y de amor a partes iguales (somos así) declama de tal forma frente al atril el discurso del odio contra los judíos que, de verdad, me cuesta creérmela. 

Se ve que lo ha ensayado varias veces: gesticula, mira a su público, mueve las manos e incluso es capaz de moverse con soltura en ese escenario improvisado y seguir declamando frases que me cuesta creer que, de verdad, las asuma como propias. Su mirada, su lenguaje corporal, su coqueteo incluso… Quien ideó la puesta en escena supo que elegir a esa chica iba a tener tirón.

Nuestro Estado de derecho ampara la libertad de expresión, pero pone límites

El problema es que lo que dice puede suponer un delito de odio. Así de sencillo. Y eso tiene consecuencias legales. Es así. Nuestro Estado de derecho ampara la libertad de expresión, pero pone límites. Y eso es lo que tendrá que decidir ahora la justicia. La Fiscalía ha abierto una investigación de oficio para saber si lo que se dijo en esa reunión constituyó un delito de odio contra un colectivo, los judíos, y si los que estaban allí incitaron al odio

Hablaron también de saltarse el toque de queda y las medidas antiCovid, pero eso casi es anecdótico. Se trataba de buscar el titular. Veremos en qué queda esa investigación, si va a haber finalmente querella o no, si acaba en un juzgado y acaba con condena. Es lo que hay. No hay otra. Jugar a ser algo que no se es tiene estas consecuencias.

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