Borja Terán  Periodista

Màxim Huerta y toda la libertad que hay detrás de su 'tuit' de despedida

El escritor y periodista Máximo Huerta.
El escritor y periodista Máximo Huerta.
GREG A. SEBASTIAN

Aquí, un tuit de Màxim Huerta: "Hoy ha sido mi último espacio de Palabras para Max en 'No es un día cualquiera'. Gracias al equipo de Carles Mesa y enhorabuena por el trabajo a los compañeros de programa. Por asuntos familiares necesito más tiempo en casa".

En realidad, es más que un tuit. A simple vista, una despedida. En el fondo, estas líneas esconden la catarsis del trabajo profundo que hay detrás de uno de los espacios más brillantes de la radio actual. Porque Palabras para Max ha sido y es uno de los espacios más brillantes de la radio actual. Una sección de esas que esperas con ilusión porque te reta, te descubre. Porque no la puedes pronosticar.

Ahora se acaba. Ojalá sea un ida que encuentra un billete de vuelta. Palabras para Max ha trascendido porque ha sido un ejercicio de libertad de Màxim Huerta. Con su capacidad para jugar en el directo, con su cualidad para compartir emociones, ironías, frustraciones y, en definitiva, vivencias como si tal cosa. No sucede mucho en la radio de hoy. Máxim es verdad. Incontrolable verdad.

"La radio sólo se puede improvisar si hay detrás un relato bien tejido."

Aunque es esa verdad que sabe cuándo y dónde está el límite. Esa verdad que es traviesa pero responsable, que tiene un punto de candidez infantil entremezclada con la sabiduría de la experiencia. Esa verdad que entiende que en la radio sólo se puede improvisar si hay detrás un relato bien preparado, hilado, tejido.

Palabras para Max es literatura radiofónica. Literatura para todos los públicos, pues mientras todo parece una reunión distendida entre colegas interrumpiéndose hay detrás un guion con un arco narrativo que crece por los variopintos significados de la cultura de la palabra, esa cultura que retrata cómo somos. Incluso lo contradictorios que somos. Palabras para Max es la radio que se bebe en un instante pero que, ojo, lleva horas y horas de pensamientos en el proceso de preparación de un guion que luego se lanza sin red al aire de lo inesperado. Y tal vez, por eso mismo, a veces, hay que parar para respirar y seguir pensando. Eso, al fin y al cabo, también es la verdadera libertad.

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