Borja Terán  Periodista

María Teresa Campos y la clase maestra para conseguir que una aburrida entrevista de promoción no lo parezca

María Teresa Campos y Raffaella Carrà en una entrevista diferente en 'Pasa la vida'
María Teresa Campos y Raffaella Carrà en una entrevista diferente en 'Pasa la vida'
TVE

Los programas diarios de María Teresa Campos representan la televisión de autor en su máxima expresión. La comunicadora, término que es muy diferente a presentadora, no se conformaba con un magacín al uso, optaba por definir un universo propio con protagonistas reconocibles y que se asociaban a su familia televisiva. De Terelu a Parada. Perfiles con experiencias y aportes diferentes al programa, que acompañaban al espectador. No necesitaban ni siquiera presentaciones, pues irrumpían en el plató de Pasa la vida con naturalidad. Como sucede en las series.

Pero hasta en las entrevistas en donde casi siempre contaba con la intuición de preguntar con candidez lo que el espectador ansiaba saber -por indiscreto que fuera-, María Teresa era hábil para que cuando había una charla de promoción no pareciera una promoción al uso. Por ejemplo, el día en el que Raffaella Carrá acudió a Pasa la vida con el objetivo de dar a conocer su libro de cocina. Entonces, María Teresa montó en el Estudio 2 de Prado del Rey una escenografía con una mesa llena de diferentes alimentos, sanos y menos sanos. Lo que podía ser una conversación para vender una publicación editorial sobre hábitos saludables, se transformó en un sketch con dos grandes maestras de la tele jugando en directo. María Teresa picaba a Raffaella preguntando si la dieta ideal era huevos con patatas fritas, una ristra de chorizo y pan. El sarcasmo, a veces, es más educativo que cualquier clase de nutrición convencional. La Campos lo sabía. Raffaella, también. 

Juntas hablaron de las recomendaciones del libro sin caer en el cuestionario típico de cuando se saca un recetario. El plató lleno de posibilidades gastronómicas (e incluso un pollo de goma) hizo el encuentro más dinámico, visual y peculiar. El espectador se quedaba enganchado ante tal choque de alimentos. Y ellas no podían disimular sus risas cómplices mientras buscaban una dieta equilibrada entre lo sano, lo grasiento y lo contradictorio que es el ser humano.

Raffaella Carrà era perfecta para esta entrevista que no parecía una entrevista. No obstante, el éxito de sus programas estaba en que en ellos conseguía conversaciones que proyectaban tanta verdad porque justamente en emisión no daban la sensación de una entrevista con interrogatorio convencional. En eso consistía el concurso central de Hola Raffaella denominado el 'Si fuera’. No era más que una excusa para hablar con celebrities de una manera más distendida. Mientras intentaban adivinar un personaje con las pistas de “si fuera un color", "si fuera una joya" o "si fuera un mar”, el invitado al que le tocaba dar tales pistas, se sentaba junto a la propia Raffaella y ahí charlaba íntimamente con la showoman entre adivinanza y adivinanza del 'si fuera'. No parecía una entrevista, pero lo era. Se fomentaba un ambiente más relajado, más cómplice. 

Lo mismo sucedía en Hola Raffaella con determinadas actuaciones de promoción. En vez de presentar a un cantante y dejarle ejecutar un playback previsible, se creaba una escenografía o una trama que conseguía una historia más atrayente para el espectador. En este sentido, cuando Raphael fue a promocionar Escándalo nadie presentó al de Linares. Directamente, empezó a sonar la canción en plató. Los invitados que ese día estaban jugando al ‘Si fuera’ se quedaron desconcertados "¿qué pasa?". Al mismo tiempo, el espectador recibía un información extra para dar más viveza a la sorpresa: podía ver que Raphael estaba cantando intensamente en el descansillo que había detrás de la entrada al decorado, que simulaba una puerta a un salón. Con su mirilla, con su hall.

Y Raffaella abrió la puerta y encontró a Raphael. Y Raphael entró. Se subió a la mesa del salón, que siempre servía como escenario improvisado. E interpretó el Escándalo con el ímpetu que merecía. Mientras los asistentes y la propia Raffaella celebraban este pegadizo himno musical. Y, entonces y nada casual, apareció Loles León y con su instinto del show tocó a Raphael por todas partes, entreacto del cantante inclusive. Se generó literalmente un jocoso escándalo. La realización del programa estaba tan despierta que hizo más apasionante el momento al ir enriqueciendo la escena con descriptivos planos de reacción del público. Un público que se iba levantando de la grada, entusiasta, vibrando ante tal inesperado musical con giro incontrolable por obra y gracia de Loles León.

A TVE no le pillaba por sorpresa lo inesperado, lo retrataba muy bien con sus cámaras. Sin miedo. No había esa autocensura del miedo al qué dirán que si existe hoy. La responsabilidad estaba en contar bien lo que sucedía, fijándose en la expresividad de los protagonistas, pero también la expresividad del público asistente, que dice tanto: que nos refleja tanto como sociedad.

La creatividad al servicio de hacer más interesante el contenido del programa, fuera el género que fuera. Escuela de María Teresa Campos, Raffaella Carrà, Chicho Ibáñez Serrador, Lolo Rico o Javier Sardá, que también hacía lo propio en tele y en radio. Si acudían las cómicas Las Virtudes a su magacín de tarde La Bisagra de RNE para hablar de su espectáculo, los tres preparaban un sainete en el que Soledad Mallol y Elena Martín sólo querían convencer a Sardá y al Señor Casamajor a donar lo que llevaran encima para un imaginario evento solidario. Hasta terminaron quitándoles prácticamente sus ropas. Era radio, así que todo era un caos fantasioso al estilo de Las Virtudes que llevaban el gag hasta las últimas consecuencias. No hubo entrevista, hubo sketch. Y se quedó con fuerza en el recuerdo de un oyente que conecta más con dos artistas al poner en acción su humor en directo que con una explicación de razones para ir a ver su humor a un teatro. Eso es la radio, eso es la tele, eso es la comunicación. A menudo, la acción práctica está por encima de recitar instrucciones de uso.

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