El daño a la lucha contra la violencia de género a través de la violencia obstétrica

Dra. Manuela García Romero  Vicepresidenta 2.ª del Consejo General de Colegios Oficiales de MédicosOPINIÓN
Una mujer con un cartel en el que reza 'Vivas nos queremos' durante la manifestación feminista en la Puerta del Sol con motivo del 8-M de 2019.
Una mujer con un cartel en el que reza 'Vivas nos queremos' durante la manifestación feminista en la Puerta del Sol con motivo del 8-M de 2019.
Óscar J.Barroso/AFP7 / Europa Press

Días como el de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que hoy se conmemora, deben de contar con el mayor acuerdo y consenso en cualquier sociedad democrática. La violencia machista supone un enorme problema de salud pública que afecta a la mujer en todas sus esferas por lo que su erradicación debe de ser una absoluta prioridad para gobiernos y la ciudadanía en su conjunto.

Sin embargo, desde la profesión médica observamos con asombro y pesadumbre que, desde las instituciones, y ante la futura modificación de la Ley Orgánica 2/2010 de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, se quiera contemplar como novedad el reconocimiento de la violencia obstétrica, como aquella que se da en el marco del parto, como una forma de violencia de género.

Confundir la praxis inadecuada con las expectativas de parto no cumplidas genera una alarma social innecesaria

Este planteamiento lo consideramos totalmente inapropiado e injusto por su significado doloso como intención de causar daño o con ánimo de lesionar. Criminalizar las actuaciones profesionales debilita la confianza y la relación médico-paciente para aquellas mujeres que van a necesitar asistencia al parto con quienes deben prestársela profesionalmente. Confundir la praxis inadecuada con las expectativas de parto no cumplidas genera una alarma social innecesaria.

Las prácticas profesionales de asistencia al embarazo, parto y posparto en España están realizadas por profesionales médicos que actúan con entrega, servicio, humanidad y ética. Son consecuencias directas de ellas la disminución de la mortalidad materna y la mortalidad perinatal.

Quiero recordar que la profesión médica juega un papel fundamental en la respuesta coordinada, multidisciplinar e integral contra la violencia de género, especialmente desde Atención Primaria y Servicios de Urgencias a pesar de la falta de medios, tiempo y formación prestada por parte de las administraciones centrales y autonómicas. Prevenir, asistir, denunciar y acompañar a nuestras pacientes forma parte de nuestro compromiso y obligación ética y lo seguirá siendo.

Desde el Consejo General de Médicos abogamos por evitar el uso de este tipo
de términos, alejados de la realidad asistencial

Desde el Consejo General de Médicos abogamos por evitar el uso de este tipo de términos, alejados de la realidad asistencial y centrarse en combatir una pandemia crónica en nuestra sociedad que mata a mujeres, causa un evidente deterioro en la salud física y psicológica de las mujeres, y actúa como un promotor de la desigualdad.

Como siempre, tendemos nuestra mano al Ministerio de Igualdad y cualquier administración que así lo requiera para que cuente con el asesoramiento de los profesionales y de las organizaciones que los representan, para trabajar juntos en la erradicación de la violencia de género.

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