Fase L

Librería
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Mi ciudad ha entrado en fase "L" – hace bastante que perdí la cuenta – le llamo así por ser la fase en la que abren las librerías.

Durante la pandemia he leído bastante y, lo confieso, he comprado libros online, era cuestión de supervivencia. Sin embargo, no hay nada como una librería de verdad. Hoy ando feliz con la intención de entrar en una de mis favoritas y perderme en ella. Dejar que los libros me atraigan tal imanes. Flirtear con muchos. Y dejarme seducir por varios. Otra confesión: soy una materialista de libros. Me gusta poseerlos en papel. El ebook no me convence. Aunque he leído bastantes libros en ipad, es como si al faltar la experiencia táctil, se almacenaran en un espacio distinto de mi ser. En un tipo de memoria temporal, en la que al contrario de cuando leo en un libro de papel, sus aprendizajes se evaporan como inspiraciones triviales.

Adoro conversar con la librera o librero sobre lecturas. Los buenos hablan de los libros como si fuesen sus hijos. Les quieren a todos. Recuerdo cuando de muy joven me perdí en la sección de poesía, de pronto con un libro en mis manos encuadernado sin cortar los pliegos. Al preguntar por tal curiosidad, el librero me contestó que la encuadernación respondía a la idea que la poesía hay que leerla como quién va descubriendo un secreto, sin prisas. Por esa razón, las páginas se mantenían a oscuras hasta llegar a las manos del preciso lector que después de cortarlas y abrirlas, daría vida al poema con su lectura, con su alma.

Entre los gestos más sublimes está la recomendación de un libro por parte de un amigo o maestro. Al conocerte bien, es delicioso el momento en el que te miran y te dicen, deberías leer tal o cual. Y es que con los libros aprendemos. Los libros nos inspiran porque infunden aire nuevo dentro nuestro, mediante nuevas formas de comprender, de imaginar, de sentir. Recuerdo varios libros que me cambiaron la vida. Me permitieron descubrir universos nuevos, descifrar partes de mi alma, cambiar el enfoque en la crianza, clarificar mi camino espiritual, liberar la creatividad, fluidificar mi expresión escrita, y un largo y generoso etcétera. Muchos los compré en un momento dado y esperaron pacientes en las estanterías de mi casa, hasta que llegó su gloriosa hora. En aquél instante, algo dentro de mi resonó con ellos y zas, los tomé en mis manos: justo lo que necesitaba.

Los libros son el repositorio de sabiduría de la humanidad y también una forma de expresión del juguetón espíritu evolutivo que pulsa a través nuestro. Ellos son las semillas que tu fértil suelo aguarda para que brotes y expandas tus ramas en el bosque de la vida. Si los libros son semillas, las librerías son los bancos de semillas que nos ofrecen tenaces, este alimento primordial. En ellas, empiezan los nuevos túes, los nuevos yoes y los nuevos nosotros, tan urgentes en este reset planetario que nos está viviendo. Así que no pierdas más tiempo. Entra en una librería, entra en muchas y… hazte con las semillas. No lo olvides: todo empieza en una librería.

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