El nuevo G8

Foro Santiago Camino de Consenso - Reunión 8 presidentes autonómicos - Los presidentes de Aragon, Mugel Lambán; la Rioja,  Concha Andreu; Castilla  León, Alfonso Fernández Mañueco; Extremadura, Guillermo Fernández
 Los presidentes de autonómicos reunidos en Santiago de Compostela. 
Álvaro Ballesteros

La política española tiene un nuevo operador. Es el nuevo G8, que nada tiene que ver con el por todos conocido. Si este reúne a los ocho países más poderosos de la tierra, el nuevo lo constituyen las ocho comunidades autónomas gobernadas por equipos de distinta orientación política que claman por una financiación autonómica justa, pero no solo. Son Aragón, las dos Castillas, Galicia, Rioja, Asturias, Cantabria y Extemadura, que en Santiago de Compostela se reivindicaron como las referentes para buscar respuestas a los problemas que identifican al 62% del territorio del país, y donde apenas vive el 24% de la población española.

Los presidentes firmaron el documento 'Foro Santiago: Camino de Consenso' con 35 medidas, entre las que destacan recibir y gestionar ayudas de los Fondos de la Unión Europea, una financiación más justa que sufrague el coste de los servicios y un fondo extra que palíe los efectos de la emergencia demográfica.

Suman muchas más demandas, algunas incluso muy etéreas. Pero tienen lo más relevante: presentarse como un grupo que, como reiteraron, sin frentismos y desde la lealtad institucional, tiene vocación de ser escuchado en la toma de decisiones del futuro del país. Si España tiene varios tratos económicos -por supuesto el de vascos y navarros, cada uno a su manera, o los regímenes insulares, más el que obtienen aquellos que otorgan o quitan Gobiernos-, tiempo es de que los territorios ahora agrupados sean invitados por derecho en la mesa donde se decida la asignación de recursos justos para todos.

"La articulación de este G8 puede suponer el paso de las lamentaciones a la acción"

La articulación de este G8 puede suponer el paso de las lamentaciones a la acción y que los partidos mayoritarios encaucen el sentimiento de agravio que se vive en las zonas más despobladas de España y den respuestas conjuntas y específicas.

A nadie se le escapa que la posible creación de una alianza electoral en esos territorios, siguiendo la estela de Teruel existe, ha provocado que, de recelar de la reunión de esas ocho autonomías, los estados mayores de PSOE y PP hayan tomado consciencia de su oportunidad. Al fin. La emergencia demográfica por la caída de la natalidad y el envejecimiento, la necesidad de que haya unos precios justos en el sector agroganadero y unas infraestructuras tecnológicas competitivas son asuntos pendientes evidentes, que necesitan tratamiento diferenciado. Y la inquietud ante una nueva competencia electoral siempre es una palanca.

Bienvenido sea ese efecto indirecto de la posible alianza electoral. Seguramente, al final, cada singularidad española tendrá su respuesta, como ocurrirá con los costes derivados de las poblaciones flotantes en las comunidades turísticas. Pero hay que conjurar el riesgo de que, como tienen muchos más habitantes/votantes, vayan siempre por delante. Toca que los territorios más despoblados y desfavorecidos tengan la suya y sea pata fija en la mesa de España.

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