Sudáfrica estalla

Los residentes locales limpian las calles después de los saqueos en grandes almacenes y tiendas en Johannesburgo.
Los residentes locales limpian las calles después de los saqueos en grandes almacenes y tiendas en Johannesburgo.
KIM LUDBROOK / EFE

La sombra de Nelson Mandela empieza a difuminarse en Sudáfrica. La integración aún deja mucho que desear. Ya no existe el apartheid, pero la discriminación en la práctica continúa creando enfrentamientos y estimulando odios. La situación en los últimos tiempos se complicó con la pandemia, que causó grandes estragos en la salud, y las dificultades económicas con que se enfrenta especialmente la población de color.

Decenas de millares de personas salieron a lo largo de la pasada semana a las calles en las grandes ciudades reivindicando mejores condiciones de vida y denunciando la desigualdad. Sudáfrica aparece en los rankings internacionales como el país con mayores índices de desigualdad del mundo. Los gobiernos que se han venido sucediendo en las últimas décadas cada vez han ido perdiendo más el espíritu heredado de Mandela y el control de la situación.

"Sudáfrica es un país importante y el estallido de descontento causa inquietud en el resto de África y en Europa"

Los disturbios de estos días coincidieron con el encarcelamiento del expresidente Zuma, conocido por sus extravagancias y condenado por la corrupción que protagonizó durante su mandato, afortunadamente acortado por la intervención de su partido. Aunque su recuerdo político es execrable, no le faltan adeptos que se están sumando a las protestas.

La policía reprimió muchas de las manifestaciones a tiros, particularmente en Johannesburgo, Ciudad del Cabo y Pretoria. El número de muertos en los disturbios se aproximaba a los dos centenares y el de heridos y detenidos se contaba por millares. Entre los manifestantes que intentaban expresar su protesta con normalidad, enseguida han surgido grupos radicales que están protagonizando continuos actos de vandalismo y causando grandes destrozos especialmente en los barrios comerciales.

La impresión sobre el próximo futuro es preocupante. Los conocedores de la situación interna del país expresan su pesimismo. La gente está desesperada y ha puesto todas sus esperanzas en la fuerza. Sudáfrica es un país importante y el estallido de descontento que existe causa inquietud tanto en el resto de África como en Europa.

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