Argentina: vuelve el peronismo

Argentina, sin duda el país más proclive a la reincidencia, devuelve el poder al peronismo, la doctrina política más inextricable del mundo. Alberto Fernández, el candidato que encubre la vuelta a la Casa Rosada de Cristina Kirchner, expresidenta y viuda de presidente –Néstor Kirchner– y ahora vicepresidenta, ha ganado las elecciones celebradas con una participación récord del 80%. No llegó a superar el 50%, pero sí logró la diferencia suficiente para ser proclamado presidente sin necesidad de una segunda ronda.

"El más tibio en felicitarle fue el embajador norteamericano: un indicio de las dudas y temores con que se le recibe"

Hace cuatro años, la victoria de Macri, un político con experiencia empresarial, albergó la esperanza de que diese un vuelco a la situación económica, tan proclive al descontrol de la inflación y a situaciones críticas como la etapa del corralito, que limitó de manera angustiosa la circulación de dinero. Pero tras un comienzo prometedor, la nueva política liberal del macrismo volvió a la inflación, la deuda, la evasión de divisas y el aumento de diferencias, malestar y pobreza.

Nada nuevo, pero los argentinos, imbuidos de esa fe mesiánica en el recuerdo de Perón, se olvidaron de que en etapas anteriores, con Isabel, Menem y el matrimonio Kirchner, las cosas no estaban mejor, y vuelven a aferrarse al populismo justicialista. Fernández tendrá que hacer frente a la grave crisis que hereda con restricciones en el mercado de cambio que solo permite obtener divisas por un valor de 200 dólares al mes.

"Se olvidaron de que en etapas anteriores las cosas no estaban mejor, y vuelven a aferrarse al populismo justicialista"

Macri, que competía con escasas esperanzas, reconoció el fracaso, felicitó al ganador y se ofreció para colaborar en una transición ordenada que tranquilice a los mercados. Para normalizar la economía, Argentina necesitará ayuda exterior y habrá que esperar a ver cómo enfoca su política y recupera confianza internacional. El primero en felicitarle fue Maduro, recordando la buena sintonía entre los Kirchner y el bolivarismo, y el más tibio, el embajador norteamericano: un indicio de las dudas y temores con que se le recibe.

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