Son vidas perdidas, no cifras de muertos

Una quinta persona ha fallecido en Lombardía, norte de Italia, por el coronavirus y los casos de contagio ascienden a 219, informó el jefe de la Protección Civil, Angelo Borrelli en una comparecencia ante los medios.
Traslado de un enfermo de Covid-19.

Cada una de las víctimas mortales de la pandemia tenía una vida que se ha terminado de una manera que tan solo hace unas semanas ninguno habríamos imaginado. En soledad, sin despedidas, ni nadie a su lado que les dé la mano. Esa es la terrible realidad de los datos que escuchamos cada mañana, sin nombres y apellidos. Tan solo cuentan con ellos cuando son jóvenes, guardias civiles o sanitarios. Ninguna vida vale más que otra, ni tampoco ninguna muerte.

Empezamos recibiendo números de fallecidos sin historia, con una sensación de irrealidad, pero ahora ya todos tenemos más cerca que lejos a alguien que ha perdido a un familiar, una pareja o a un amigo. En las peores situaciones, tú eres esa persona que no sabe qué hacer con el dolor porque alrededor solo hay porcentajes y silencio. Madrid ha decretado el luto, pero muchas otras no han seguido el ejemplo. Mostrar la esperanza es tan necesario como hacer visible la realidad de las pérdidas.

Quizás no parezca el momento porque el ánimo tiene que subir al tiempo que deja de hacerlo la dichosa curva, pero el único silencio debería escucharse en forma de tributo a los que ya no están. Esos minutos para los que se han ido son tan necesarios como los aplausos a los que intentan evitar la debacle, sobre todo al tratarse de víctimas a las que ni siquiera se puede acompañar.

El único silencio debería escucharse en forma de tributo a los que ya no están

El ministerio de Sanidad ha prohibido la celebración de velatorios en todo tipo de instalaciones públicas o privadas, incluidos domicilios particulares. En el enterramiento o la cremación, solo se permite la asistencia a un máximo de tres familiares. Es tremendamente doloroso, pero es que no hay otra manera de hacerlo. El que quiera puede buscar culpables en el Gobierno, aunque auguro que no le servirá de consuelo, ni tampoco conseguirá que dejen de perderse vidas. Lo único que puede lograrlo es que nuestros políticos estén tan unidos como lo está la sociedad.

El calor humano siempre se abre camino y en estos días lo está haciendo a través de las redes sociales. Convertidas en velatorios sin paredes, los que han perdido a sus seres queridos se despiden de ellos dedicándoles sus muros en donde también reciben el pésame de sus allegados. No son los abrazos que se necesitarían, pero sí es una forma de desahogo que quedará para siempre en la nube para que podamos revivir cómo encontramos la manera de acercarnos cuando debíamos estar más distanciados que nunca.

Este es el momento más dramático de nuestra historia reciente, uno de esos de los que se sale aprendido. La verdad, a mí ahora se me hace muy difícil ver la necesidad de esa lección, aunque quizás sea la de que a la vida hay que aplaudirla más. O quizás estemos aprendiendo lo necesario para que la muerte no vuelva a convertirse en una cifra.

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