(Black) lives matter

Magda Barceló (Coach)
Protest over George Floyd death in New York
Protestas por la muerte de George Floyd en Nueva York.
Joel Marklund

Leo que George Floyd ha muerto asfixiado por un policía, en la ciudad de Minneapolis, en EE UU. Un asesinato más, colmando el dolor de la comunidad afroamericana del país, a rebosar ya, por las muertes de Ahmaud Arbery, Breonna Taylor y muchos otros. Esta vez el voltaje de los comentarios en las redes sube. Estalla la indignación y empiezan las protestas en las calles de muchas ciudades norteamericanas. Leo sus últimas palabras con lágrimas en la cara. Siento dolor e impotencia y resueno con las voces alzadas por numerosas personas conocidas y anónimas que claman al unísono: ¡basta!

La pregunta que me mueve a escribir este artículo es ¿Qué tiene que ver conmigo el asesinato de George Floyd? ¿Qué tiene que ver contigo?

Pues todo. Tiene todo que ver.

Él era un ciudadano de un país occidental con el que tenemos en común el sistema político y económico. Sistemas, aunque diseñados con la intención de ser efectivos y actuar para el bien de todos, son falibles y están continuamente acechados por impulsos de corrupción y abusos de poder endémicos, poniendo en riesgo a las personas más vulnerables.

George era un ciudadano de una etnia oprimida fruto del colonialismo y la esclavitud. En mis venas corre sangre de oprimidos y opresores de la guerra civil española, así como de los estragos causados por el colonialismo, tan solo hace dos generaciones.

Él era un miembro de un planeta con una cada vez mayor conciencia global facilitada por la revolución tecnológica y de comunicación. Tu y yo, participamos de esta conciencia. Somos una voz más en este diálogo global y local a la vez en que impactamos y nos dejamos impactar.

Pero, sobre todo, tenemos en común la humanidad. Él era un ser humano, con su familia, sus dificultades, sus ilusiones…tratando de llevar una vida propia, como tu y como yo.

Entiendo su muerte y otras muertes de similar calado como un fenómeno fruto de abuso de poder, racismo y enquistada patología sistémica. Si algo he aprendido durante años de consultora y formadora en temas de diversidad, inclusión, y sesgos inconscientes, y de mi experiencia vital es que las raíces de estos abusos son profundas y entretejen múltiples factores.

Magda Barceló

Magda barceló

  • Coach, autora y speaker. 
    Escritora del libro Tu vida épica.

Durante los años que viví en EE UU participé como facilitadora en diálogos entre la policía y la ciudadanía de Boulder, Colorado a raíz de graves incidentes de abuso de poder por parte del cuerpo policial ocurridos durante el 2015 en la ciudad. Durante los mismos, en un civilizado diálogo entre ciudadanos, emergieron heridas psicológicas, disparidades socio-económicas, falta de igualdad de oportunidades, un uso de armas descontrolado y un largo y complejo etcétera. Fue durante aquel periodo que me impactó en sobremanera un episodio de abuso de poder en Barcelona de los Mossos d'Esquadra, el cuerpo de policía catalán, que salió a la luz en aquel entonces. El caso de Patricia Heras, que terminó con suicidio, uno de los casos de corrupción policial más espeluznantes, documentado en la película Ciutat Morta. Me dije entonces que aquellos abusos eran crímenes hermanos y lo sigo pensando.

El tiempo que compartí con personas afroamericanas durante mi formación de coach en EE UU también arrojó luz a este tema. Una parte esencial del curriculum de coach, era ser primero "coacheado". Recibimos entonces sesiones de coaching por parte de nuestros formadores, con la presencia de nuestros compañeros de curso. En cada una, emergieron todo el trabajo existencial que cada uno de nosotros tenía pendiente. En el caso de mis compañeras afroamericanas, me impactó la forma en cómo las heridas y el trauma histórico que cargaban– en mi imaginario algo del pasado- seguían a flor de piel. Las heridas eran profundas y parecía que no había forma de parar la hemorragia psicológica que causaban. De un modo similar, muchas heridas personales-colectivas de España tampoco están sanadas y por esta razón los conflictos nacionalistas de nuestro país no se solucionarán hasta que no se aborde el trauma colectivo del que emergen. De una guisa similar la herida colectiva generada por el colonialismo español en Latinoamérica, requiere de atención y responsabilidad por parte de los herederos de los opresores.

Trazadas las líneas que nos unen al ciudadano Floyd, ¿qué podemos hacer?

Por supuesto hablar de ello. Participar en el diálogo. Hacer inventario de tendencias opresivas en nosotros. Estar atentos para denunciar cualquier patología similar en nuestros sistemas colectivos. Pero lo más importante y a menudo ignorado: podemos sentir. Tenemos que sentir. Es necesario que sintamos el dolor que nace de dejar que su muerte nos toque. El dolor fruto del hecho que George Floyd eres tu. George Floyd soy yo. Tu esposo, tu hermana, o tu amigo. Sentir el dolor por la dificultosa y titánica tarea de transformar sistemas y culturas opresivas. Ser testigos de lo desgarrador que resulta estar vivo en este preciso momento. Dejar que este dolor haga mella en nosotros y nos abra el corazón. Porque en palabras de Otto Scharmer, experto transformación sistémica y cambio social, si no somos capaces de abrir nuestros corazones, nada que valga la pena va a pasar.

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