Natalia Serrano Lang.
Natalia Serrano Lang, hija de Christine Lang, en la finca donde Antonio Serrano mató a su madre. JORGE PARÍS

Christine Lang tenía 65 años cuando su marido la acorraló y la mató en una finca rústica de Villanueva de la Cañada, en Madrid, el 23 de septiembre de 2008. Christine Lang, Cristina para las amigas, empezó a sufrir malos tratos la misma noche de su boda con Antonio Serrano, que no le dio tregua en cuatrenta años de matrimonio, la convirtió en un "guiñapo" y le dió 11 puñaladas la víspera de la cita judicial fijada para firmar el divorcio. Este viernes, la Audiencia Provincial de Madrid ha condenado a Antonio Serrano a 13 años de prisión por el "homicidio" de la mujer y a dos más por malos tratos continuados.

"Una vez más la Justicia y ley no van juntas", ha dicho a 20minutos.es Natalia Serrano Lang, la hija de ambos, que esperaba un veredicto de asesinato. La Audiencia Provincial no ha consierado la agravante de alevosía, ha explicado.

El día de autos, Cristina había ido a la finca rural que la familia tenía en Villanueva de la Cañada. Allí, entre flores, con sus gatos y sus perros, se refugiaba de los malos tratos que Antonio le infligía en su domicilio del barrio de Aluche. Con la excusa de pedir unos papeles para el divorcio, Antonio la esperaba en la finca, la acorraló contra un mostrador y la mató asestándole once puñaladas. Después se entregó en la Guardia Civil de Brunete.

Anulada por su marido

En el juicio que se ha seguido en la Audiencia se enumeraron múltiples episodios de los abusos que tuvo que padecer Cristina. Conoció a Antonio cuando ambos eran jovenes veinteañeros en Suiza, adonde él había acudido buscando trabajo. Se casaron y se vinieron a vivir a Madrid. Aquí nació Natalia, que tiene 42 años. Con la niña aún pequeña, Cristina regresó a su país de vacaciones e intentó quedarse, pero Antonio y también su madre -de una zona muy conservadora y tradicional del sur de Alemania- la convencieron de que volviera a Madrid.

Los abusos habían envejecido a Cristina prematuramente Ya en Aluche, Cristina quedó totalmente anulada por su marido. De ser una matrona profesional, alegre y muy social, inquieta y aventurera, pasó a no poder salir de su habitación sin el permiso de Antonio. No fue hasta muchos años después, envejecida prematuramente y convertida "en la radiografía de un silbido", que se dio cuenta de lo que le estaba pasando. Escuchando un programa de Gemma Nierga sobre el maltrato, le dijo a su hija "Pues yo creo que sufro eso". Su hija la llevó a un despacho de abogados e inició, finalmente, los trámites para su separación.

Cristina murió casada, el día antes de firmar los papeles del divorcio. Ahora su hija, Natalia, dice que siente "pavor" de volver a encontrarse a su padre y por ello pide que la Justicia lo retenga en prisión todo el tiempo que marca la sentencia, pues teme que por su edad, 68 años, pueda serle concedido pronto algún permiso. Por si acaso, el juez le ha concedido una orden de alejamiento del hombre que mató a su madre.