La secuela de 'El fantasma de la ópera' se estrena en Londres envuelta en polémica

La secuela de 'El fantasma de la ópera' se estrena en Londres envuelta en polémica

Fantasma de la Ópera
El actor iraní Ramin Karimloo en el papel de fantasma durante un ensayo del musical de la obra de Andrew Lloyd Webber 'Love Never Dies' (El amor nunca muere). (Catherine Ashmore/ Freud Communications / EFE)
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  • La segunda parte del exitoso musical se titula 'El amor nunca muere'.
  • Los fans del fantasma lo consideran "un sacrilegio y algo estúpido".
  • A Lloyd Webber, su creador, no parece que le importen las críticas.

La segunda parte de El fantasma de la ópera ha llegado a Londres en medio de la controversia suscitada por los acérrimos seguidores de la primera versión, que consideran un "sacrilegio" dar continuidad a uno de los musicales más aclamados y perdurables.

Los incondicionales de la famosa pieza estrenada en 1986, que se hacen llamar 'phans' (unión entre las palabras fan y phantom, fantasma en inglés) están volcando su enfado en Internet, donde las malas críticas de la secuela, titulada El amor nunca muere, no cesan desde hace varios meses.

El malestar es tal que incluso ha surgido un grupo en la red social Facebook llamado El amor debe morir, que según su creador es una plataforma de expresión para aquellos que piensan que la segunda parte no debería haber recibido nunca luz verde. "Es ilógica, irracional, ofensiva y francamente estúpida, además de perjudicar la historia original", opina.

La idea de una segunda parte surgió en 1997,  cuando Lloyd Webber pensó que esta historia "no podía acabar así"La animadversión de los "phans" parece no preocupar demasiado al creador de "el fantasma" Andrew Lloyd Webber, a quien, orgulloso de su última creación, la marea de reproches no afectan demasiado después de haber superado recientemente un cáncer de próstata.

La idea de una segunda parte surgió en 1997, cuando en una comida con Maria Björnson, escenógrafa de El fantasma de la ópera, ésta le dijo que la historia no podía acabar así.

Y es que en el triángulo amoroso de la primera versión -estrenada en 1986 y vista por 100 millones de espectadores de todo el mundo-, Christine, interpretada por la soprano y primera esposa del músico Sarah Brightman, deja entristecido al fantasma porque se va con el apuesto Raoul.

Lloyd Webber comenzó a trabajar en el proyecto junto con el autor Frederick Forsyth, quien incluso escribió la novela El fantasma en Manhattan para inspirar la nueva obra. La colaboración finalmente se paralizó porque las ideas que ambos habían desarrollado eran muy difíciles de plasmar en escena, aunque en el año 2000 el compositor retomó el proyecto en solitario y sacó adelante la versión que se estrena el próximo martes.

Una obra "autónoma"

La secuela arranca diez años después con la invitación anónima que recibe Christine para participar en una nueva atracción en Coney Island (Nueva York), llamada "Phantasma", donde, sin saberlo, se reencontrará con el fantasma, que es el protagonista de la atracción y el que ha urdido la trampa para volver a ver a su amada.

Esta vez el fantasma sustituye su escondite en la casa de la ópera de París por el Coney Island de principios del siglo XX, época de esplendor de este lugar de tíos vivos y montañas rusas, que lo convirtieron en su día en "la octava maravilla del mundo", según Lloyd Webber.

Para el compositor, El amor nunca muere es una obra autónoma y no una continuación de la primera, que dejó el listón muy alto al llegar a las 9.500 funciones en el West End londinense, con lo que ha sido el musical que más ha aguantado en cartel en la capital británica, honor que también logró en Broadway y que pasó por Madrid.

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