Javier Pardo se adentra en la historia de Carlos Edgardo, el falso Borbón que acabó degollado por la mujer a la que engañó

El escritor Javier Pardo.
El escritor Javier Pardo.
Cedida.
El escritor Javier Pardo.

Los príncipes falsos son un clásico a lo largo de la historia. Figuras en algunos casos legendarias, como los falsos Dimitris de Rusia que en el siglo XVII pusieron en jaque al imperio de los zares, o quienes se hicieron pasar por el mítico rey Sebastián de Portugal, quien, décadas antes, había generado fuerte inquietud al mismísimo Felipe II

Personajes curiosos y movidos por intereses espurios y distintos, llevados por frecuencia por su afán de notoriedad o de consecución de un alto estatus social. Muchos de ellos, guiados por la fantasía de hacerse con el poder soberano; otros, imbuidos de una clara e insaciable megalomanía; pero también los ha habido regidos por el engaño, la ganancia y la estafa, en una sociedad en la que la magia de la realeza aún continúa resonando en la naturaleza humana.

Un fenómeno que, en un nivel un tanto más pedestre, ha llegado hasta nuestros días, porque ahí están aquellos falsarios muy conocidos que, en los años 80, lograron hacerse un gran lugar entre la buena sociedad madrileña gracias a su seducción y su buena retórica en base a un conocimiento profundo, aunque torcido, de las complejas tramas genealógicas de la realeza europea. 

Portada de 'Asesinato de un Borbón', de Javier Pardo.
Portada de 'Asesinato de un Borbón', de Javier Pardo.
CALIGRAMA

Conocido fue aquel falso príncipe de Battenberg, quien, en vísperas de la boda de Alfonso XIII, en 1906, se hizo pasar por hermano de la novia del rey llegando a estafar al mismísimo cardenal Sancha, por entonces arzobispo de Toledo y primado de las Españas. 

La historia está plagada de ellos, uno de los cuales, el sedicente Carlos Edgardo Serge de Borbón, es el protagonista del libro de Javier Pardo titulado Asesinato de un Borbón. Un trabajo curioso, entretenido y muy bien investigado en el que el autor, un prestigioso doctor en Medicina y Cirugía, nos presenta el peculiar recorrido vital del italiano Carlo Lorioli, originario de la provincia de Trento, quien en las primeras décadas del siglo XX decía ser hijo bastardo del emperador Francisco José de Austria (el esposo de Sissi) y de la poco atractiva gran duquesa Alicia de Toscana. 

Una filiación absolutamente insostenible que él supo aderezar gracias su notable conocimiento del Gotha (la llamada Biblia de la realeza), su labia, su buen arte para manipular y sus maneras refinadas, que le permitieron engañar a personas de cierto relieve, tanto en su Italia como en Suiza, Grecia, Austria y España. Lugares todos en los que dejó su huella, notables deudas y causas pendientes con la Justicia.

Un relato "verídico"

"Hábil Casanova", como comenta el autor, "tenía el arte de saber vivir al segundo, inventado filiaciones y conexiones en función de las necesidades de sus cambiantes circunstancias". En un momento pretendió postularse al trono de Albania, se le tachó de espía y hasta se dijo de él que había comerciado con armas con los separatistas catalanes

Todo un folletín en el que, a la postre, cuenta Javier Pardo, "todo era una gran mentira, aunque de tanto en tanto conseguía tener dinero, que gastaba de forma principesca y que se desvanecía tan pronto como había llegado". Fondos de origen misterioso que, en muchos casos, procedían de señoras generosas y contentas de mantener tratos con un príncipe cuya tumba fue pagada durante cinco años por una dama desconocida.

La suya es una historia de estafas, de gastos rumbosos, de hoteles de primera y pensiones de segunda, por lo general impagados, de mujeres abandonadas y de fantasías genealógicas que el autor describe a la perfección en esta novela en la que, confiesa, "el 90% de lo relatado es completamente verídico, gracias a una gran labor de investigación en archivos de varios países, muchos de ellos policiales". 

Pero más interesante aún fue su trágico final en un pequeño hotel de París, donde recibió varias cuchilladas de manos de una española, Candelaria Brau Soler, quien, tras haber quedado fascinada por él y sufrido todo tipo de perrerías, terminaría siendo su Némesis.

"Una mujer de carácter fuerte, inteligente y trabajadora, quien, tras separarse de un esposo errático, quedó sola al cargo de su propio negocio y cayó obnubilada por los encantos de este hombre, a quien se decidió a seguir a Paris con los ojos cerrados dejando atrás su vida en Barcelona", afirma Javier Pardo, natural, como Candelaria, de la localidad zaragozana de Maella. "Un lugar en el que nadie conserva su recuerdo" y donde ella, hija de una familia principal, se vio poco a poco forzada a vender sus buenas fincas para costear la vida de ambos en París y cubrir las frecuentes deudas del falso Borbón.

"Mujer religiosa y con sentido común", hasta acudió a lo que ella consideró autoridades en la materia, que le aconsejaron mirar en el Almanaque de Gotha, la Biblia de la realeza del momento, donde no pudo encontrar referencias a su príncipe, que le dijo que "los bastardos no salen en el Gotha". 

Una historia propia de los locos años 20 que terminó en tragedia griega cuando, el 16 de agosto de 1932, ella terminó degollándole en su habitación de Hotel de Blois. Aquella tarde la discusión entre ambos fue in crescendo, pues él preparaba un viaje a Niza sobre el que no la había informado y, tras sacar él una navaja, con la que le hizo un corte, fue Candelaria quien le asestó el corte mortal. La misma mujer fue a denunciarse ante la Policía francesa, pero fue absuelta de los cargos tras una muy breve deliberación del jurado.

Una historia recuperada para la pequeña historia, en la que la protagonista es esta "feminista precoz", que terminó sus días en Barcelona harta de príncipes e historias rocambolescas. Pero también un recordatorio para cautos e ingenuos que, todavía hoy, quedan atrapados en el falso oropel de príncipes de pega que pueblan las crónicas de sucesos. Sirva de ejemplo el falso príncipe zu Hohenlohe juzgado por estafa en Baleares en 2021, o el falso príncipe de Montenegro que engañó a la explosiva Pamela Anderson. Los mitos y los arquetipos están condenados a repetirse.

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