De demonizar a Bush a pedir colaboración a Biden: así han cambiado las relaciones entre Venezuela y EEUU en las últimas dos décadas

25 años de la llegada de Chávez a la presidencia de Venezuela.
Chávez y Maduro: el giro de Venezuela en sus relaciones con EE UU.
Carlos Gámez
25 años de la llegada de Chávez a la presidencia de Venezuela.

"Venezuela entera exige que se levanten de manera permanente y definitiva todas las sanciones contra su economía". Estas fueron las declaraciones que hizo la semana pasada el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, haciendo pública su intención de reconciliarse con Estados Unidos e iniciar una nueva era de relaciones "al máximo nivel", rotas desde 2022 por una confluencia de diferentes factores.

Así, el líder venezolano hizo su mayor declaración de intenciones tras más de dos décadas de tiranteces. En medio de un aislamiento provocado por las sanciones económicas -sobre todo por parte de EEUU-, "una Venezuela más estratégica" busca un impulso que le haga recuperar la vitola de gran potencia petrolera que reflote la economía del país, apuntan los expertos. Además, otra de las intenciones de Maduro sería legitimar unas elecciones presidenciales previstas para el segundo semestre de 2024.

Enfrente, Biden, con unas elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina, y ante una crisis energética indudable, parece aflojar la "presión total" impuesta por Trump en busca de una "fuente de aprovisionamiento", explica a 20minutos Anna Ayuso, investigadora sénior del CIDOB (Centro de Barcelona de Asuntos Internacionales). Pero, ¿cuáles son los precedentes que han llevado a ambos países a esta posible reconciliación? 

Intento de golpe de Estado a Chávez

El nexo entre ambas naciones se ha mantenido siempre por una relación de comercio del petróleo, el principal sustento de la economía venezolana. Sin embargo, el acercamiento de Venezuela a grupos contrarios a Estados Unidos y un creciente tinte dictatorial del régimen de la República venezolana hicieron saltar por los aires su relación.  

Poco después de que Hugo Chávez se asentase como presidente del Gobierno en 1998, las desavenencias entre ambas naciones comenzaron en 2002 "con el intento de golpe de Estado", el cual comenzó a deslegitimar el régimen democrático venezolano, comenta a 20minutos Carlos Malamud, investigador del Instituto Elcano. Este intento de acabar con el poder por la fuerza, cuenta este investigador, fue el inicio del cuestionamiento del Gobierno venezolano, que en aquel momento ya dejó entrever sus grietas.

Ante el intento de derrocar a Chávez, este culpó a EEUU de ser el artífice de todo, acusando al país, entonces presidido por George Bush, de apoyar el terrorismo de la CIA. Estas declaraciones, junto con la conocida enemistad personal entre ambos, dejaron un momento icónico en la Asamblea General de las Naciones Unidas celebrada en 2006 en Nueva York, que dio muestra de la tensión latente. 

"Ayer el diablo estuvo aquí. Huele a azufre todavía", espetó el venezolano en referencia al líder de EEUU en aquel momento, a quien en numerosas ocasiones acusó de imperialismo. Como consecuencia, en esta misma intervención instó al mundo a alzarse contra las pretensiones de Bush. 

Financiación de "grupos antinorteamericanos"

Tras varios años de acusaciones directas, la muerte del propio Chávez en 2013 hacía presagiar un cambio de guardia que podía dar un vuelco a la nación, aunque se quedó lejos de ser así. El entonces vicepresidente del Gobierno y ministro de Exteriores, Nicolás Maduro, asumió las riendas de Venezuela y progresivamente fue virando y estrechando lazos con algunos regímenes comunistas. 

Mantuvo la amistad de Chávez con Fidel Castro y el régimen cubano, así como la relación con Nicaragua. A estas polémicas relaciones, también se unieron, con el paso del tiempo, algunos vínculos con potencias como China, hecho que deterioró mucho la relación. "Hay una crisis porque China ha invertido mucho y ahora no puede recuperarlo", explica a este medio Fernando Pedrosa, politólogo, profesor e Investigador de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

El líder venezolano, heredando la animadversión de Chávez por EEUU, también comenzó a "financiar a grupos antinorteamericanos" tomando, además, "una postura cercana a Irán, incluso a Rusia", detalla el politólogo bonaerense.

Este acercamiento a países contrarios a la gran potencia fueron desgastando poco a poco las relaciones entre ambos. Esta situación, sin embargo, se agravó también cuando el heredero del oficialismo chavista se fue fortaleciendo poco a poco gracias a la implantación de "un poder dictatorial". "Dejó de respetar las elecciones" y se produjo un notable retraimiento de los derechos civiles y una fuerte opresión sobre los venezolanos, señala Pedrosa.

Las elecciones dejaron de ser legítimas, y pasaron a ser "dibujadas" (amañadas), a la par que Maduro comenzó a restar poder al espectro político del país, gracias, entre otras cosas, a su "control sobre las Fuerzas Armadas o grupos paramilitares", detalla el docente.

La situación en el país, lejos de mejorar, fue empeorando paulatinamente debido a la cuestionable gestión de los recursos económicos del país. El líder del Ejecutivo inició importantes relaciones "con el narcotráfico,  algunas organizaciones guerrilleras o las FARC colombianas", explica Pedrosa: "Maduro estableció vínculos con grupos que empezaron a hacer negocios con los cárteles de la región y acordó relaciones en las zonas fronterizas con Colombia, con Ecuador", confiesa. Además, el país poco a poco se fue sumiendo en una considerable crisis social y económica, que a día de hoy cuenta con una inflación anual del 158,3%, según los datos de septiembre.

Esta complicada tesitura levantó diferentes protestas a lo largo de los años. Estas fueron fuertemente reprimidas, por las Fuerzas Armadas, tal y como sucedió en 2014 o 2017, en incidentes que se saldaron con 43 y 127 muertos respectivamente. Este empleo de fuerza desmedida por parte de Maduro llevó a EEUU a deslegitimar, todavía más, el régimen democrático de la república venezolana, a quien muchos han tildado de dictadura. 

Uno de los intentos de mejorar la situación surgió de parte de la oposición, con Juan Guaidó a la cabeza. Este diputado fue elegido el 5 de enero de 2019 como jefe del Parlamento. Días después se proclamó presidente de Venezuela ante su consideración de las elecciones de 2018, en las que ganó Maduro, como comicios fraudulentos. 

No obstante, apenas duró unos días en un mandato parcialmente reconocido, ya que "no contaba con el apoyo de las fuerzas armadas", confiesa Susanne Gratius, doctora en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. "Fue un error reconocerle sin saber qué posibilidades tenía", detalla.

"Una dictadura hecha y derecha"

Todos estos ingredientes formaron el caldo de cultivo perfecto para "una dictadura hecha y derecha" de un Maduro que con el paso del tiempo se ha vuelto "cada vez más tiránico", asevera Pedrosa. Viendo la deriva del país vecino, EEUU decidió en 2011, bajo el mandato del expresidente estadounidense Barack Obama, imponer una serie de "sanciones individuales" sobre altos cargos venezolanos con activos en suelo estadounidense, lo cuales fueron bloqueados.

Con el recrudecimiento del régimen, el expresidente de EEUU, Donald Trump, heredó las riendas de Obama y dio un paso adelante en las sanciones. Las elecciones que volvieron a coronar como presidente a Maduro en 2018 fueron declaradas ilegítimas por Trump tras un supuesto fraude. 

El encarcelamiento de algunos opositores y la sospecha de amaño llevaron el Ejecutivo estadounidense a imponer 'castigos' vinculados "a la minería, al petróleo y a los negocios", limitando las exportaciones de crudo de Maduro que castigó, todavía más, su principal fuente de ingresos. "Con la llegada de Trump la relación se interrumpió", confiesa Malamud al respecto. 

Durante los últimos seis años, las fuertes sanciones impuestas a la empresa estatal venezolana PDVSA han lastrado notablemente al país. La limitación de su actividad en suelo norteamericano ha conllevado la pérdida de ingresos millonarios en forma de liquidez y divisas, lo que ha castigado, todavía más, a la sociedad venezolana.

Lejos de mejorar, la situación empeoró aún más tras la invasión de Rusia a Ucrania en febrero de 2022. Unas semanas después, una delegación de Venezuela viajó a Rusia para buscar un nuevo filón para su economía. Este acercamiento a Putin para buscar nuevos enlaces comerciales acabó por dilapidar las relaciones entre ambos países tras un cúmulo de factores que acabaron por romper la cuerda que fue tensándose cada vez más en las últimas dos décadas. 

Ahora, un año y medio después, Venezuela trata de reconciliarse con su exsocio en lo que parece una búsqueda de un nuevo caudal de ingresos que pueda hacer resurgir a la mermada nación venezolana. 

"Cambio estratégico por parte de EEUU"

Este proceso de "acercamiento lento", comenta Ayuso, está vinculado a un "cambio estratégico por parte de EEUU", que ha decidido cambiar el enfoque de máxima presión instaurado por Donald Trump. Este nuevo proceso tiene que ver, además, "con una estrategia basada en la geopolítica" por parte de Biden, detalla Gratius.

La crisis energética es uno de los factores más importantes a tener en cuenta, pues "EEUU necesita su parte de petróleo", tras la guerra entre Ucrania y Rusia, asegura. Este nuevo tablero en el que tienen que jugar las potencias mundiales han cambiado la redistribución de los recursos".

Por ello, Biden busca aprovisionamiento, pues con las sanciones a Venezuela "se ha hecho un autogol", confiesa la experta en Relaciones Internacionales: "Estas sanciones han sido contraproducentes, porque quitaron a Estados Unidos del negocio a Venezuela".

Otro de los problemas que empujan a Estados Unidos a un posible acuerdo con Venezuela, explica Ayuso, es "el tema de las migraciones" de venezolanos. Esto habría llevado a Biden a establecer "una vía de diálogo" para poder llegar a un acuerdo "sobre la devolución de migrantes": "Este asunto ya está siendo importante", concluye la investigadora del CIDOB. 

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