Josema Yuste: "Estuve a punto de morir en unas inundaciones y pensé 'qué muerte más absurda'"

Josema Yuste, en el Teatro Muñoz Seca de Madrid, con la obra 'Que Dios nos pille confesados'.
Josema Yuste, en el Teatro Muñoz Seca de Madrid, con la obra 'Que Dios nos pille confesados'.
JOSÉ GONZÁLEZ
Josema Yuste, en el Teatro Muñoz Seca de Madrid, con la obra 'Que Dios nos pille confesados'.

Enredo, sospechas, policías, cacos, amor, estafas, tentaciones… y un cuadro de El Greco pintado quizá en una noche loca. Esos son los ingredientes de la comedia Que dios nos pille confesados, que Josema Yuste protagoniza y dirige en el Teatro Muñoz Seca de Madrid, junto a Javier Losán, Santiago Urrialde y Esther del Prado (miércoles y jueves a las 19.00, viernes y sábados a las 18.00 y domingos a las 17.00 h).

¿Qué vamos a ver en Que Dios nos pille confesados?No puedo contarte mucho del argumento sin revelar... Es la típica comedia en donde nada es lo que parece. Está en la línea de humor de películas como Aterriza como puedas, por ejemplo. Es un humor muy absurdo, dentro de que se está contando una historia, digamos coherente, que el público puede seguir. A la gente le va a gustar porque está acostumbrada a ver películas con este humor muy alocado.

¿Y respecto al argumento?Es verdad que el núcleo de la obra es un robo en la casa de una marquesa viuda venida a menos que tiene un cuadro del Greco, un cuadro sui géneris, que pintó El Greco en una noche loca. Todo versa sobre ese robo y unos personajes que quieren robar ese cuadro. También tiene alguna connotación esta obra con alguna película de Hitchcock y de Agatha Christie, salvando las distancias, porque tiene también un poquito de misterio, robo, suspense... Y luego tiene una cosa muy buena que tiene dos giros, al menos dos giros que no te esperas en ningún momento.

Es un estreno, estreno...Es una obra original, no se ha hecho nunca. La han escrito dos amigos guionistas para mí y estoy encantado porque he podido también hacer la adaptación y hemos conseguido una comedia para reír y no dejar de reír.

Actúa y dirige, ¿está siendo muy duro consigo mismo en su faceta de director?Yo siempre soy exigente, no duro. Aquí hay que trabajar con buen rollo y con buen ambiente y de forma relajada, pero sí soy exigente conmigo mismo primero y con los demás después.

¿Qué le pide a sus actores?Que lo hagan lo mejor posible y que cuando estamos trabajando y ensayando tengan mucha concentración. Al final esto es un trabajo muy serio, aunque no lo parezca. Yo me lo tomo así. A la vez hay buen ambiente, trato siempre de procurar buen ambiente en la compañía. No me gustan los gritos, yo dirijo tratando de usar mucha mano izquierda a la hora de dirigir y que el actor se sienta libre y cómodo. Como director escucho propuestas y al final tomo yo la decisión, claro.

Un chiste o una broma no es solo lo que se dice, sino cómo se dice, ¿le ayuda ahí la experiencia?Doy como una especie de charla amigable el primer día donde suelo explicar cómo es la comedia, cuál es el código de humor en esta comedia, cómo hay que interpretarla y luego cada uno se la lleva a su terreno y crea su personaje. Pero hay unos códigos que todos tenemos que saber para estar en el mismo tono. Cuando haces una comedia con un humor muy absurdo pues tienes que contarlo de una forma natural, no puedes apretar la clavija porque ya tiene de por sí mucha gracia lo que estás contando.

¿Cómo hizo el casting y por qué esos actores?Porque he trabajado con ellos y en cuanto vi los personajes, supe quiénes lo podían hacer. Solamente en el caso de la Marquesa hicimos un casting, aunque yo siempre creí que Esther lo podía hacer muy bien, pero aún así los socios acordamos hacer un casting para encontrar una actriz que hiciera un personaje de 50 y algo de edad.

¿Está bien tener obras en las que no necesariamente tenga que haber una persona de 20 años o más joven?Hoy en día, si analizamos las series de televisión, el 80% de los personajes tienen entre 20 y 35 años, así que está bien también que haya actores de 50, cincuenta y pico, 60, sesenta y pico, 70... La vida, el mundo, están llenos de gente de 0 a 100 años y más.

La obra habla de un robo, ¿le han robado algo alguna vez que te jorobara especialmente?La verdad es que, que yo sepa, no me han robado nunca nada...

Si pudiera, ¿qué obra de arte se llevaría a su casa?Hay una obra de arte que yo la miraría permanentemente estaría mirándola y me produciría una paz interior inmensa, que es la Gioconda. Es un cuadro que he visto en vivo y verdaderamente no he visto nunca una mirada como esa, te atrapa, te infunde una paz interior impresionante.

¿Cuándo ha tenido que aplicar la frase ‘Que Dios nos pille confesados’?.En mi vida, en alguna ocasión que he visto peligrar mi vida.

Cuente, cuente…Una vez me quedé encerrado en un ascensor hora y media. No vi peligrar mi vida, pero quedarte en un ascensor solo hora y media de noche, de madrugada, sin portero, sin ninguna opción de que nadie te escuchara… Eran las dos o dos y media de la madrugada, de domingo a lunes. Ahí fue un “que dios nos pille confesados” porque no sabía cuándo iba a salir de ahí.

¿Es de los que se pone nervioso?Al final te te buscas el autocontrol, no dejarse dejar llevar por los nervios porque te falta hasta el aire. Hay que estar tranquilo, razonar y pensar que llegará un vecino y saldrá el sol y la gente bajará y ya dirás ¡Oiga, socorro! Y que serán cuatro o cinco, o seis o siete horas como mucho. Eso fue lo que pensé. Eso me hizo un poco tranquilizarme. Pero hubo una ocasión peor, esa sí que fue grave.

Por favor, comparta esa historia...Fue en unas inundaciones que me pillaron en Tenerife hace muchos años, con mis dos hijos pequeños, en un coche, una monovolumen que yo no conducía. Empezó a llover y a llover. Íbamos del sur al norte, por una carretera que atraviesa la montaña y fueron inundaciones de esas tremendas que se producen cada 90 y pico años. Ya teníamos el agua por la por la rueda y no podíamos seguir y bajaba por la montaña de todo, barro, cubos de basura, ramas de árbol y estábamos entre la montaña y el mar. Y de eso que ya piensas” me voy a morir aquí, el coche se va a caer por la fuerza del agua y nos vamos a morir”. Y yo pensaba “qué muerte más absurda, ¿por qué tengo que morir así?” Ahí sí que dije la frase Que Dios nos pille confesados.

¿En momentos como esos el humor ayuda?Ahora lo cuento metiendo alguna cuña de humor, pero creo recordar que en ese momento no metí ninguna. No fui capaz (risas).

¿Y cómo salieron de esa?Me pasó como en el ascensor, dije "me niego, no me quiero morir, a ver qué podemos hacer". Le dije al conductor del coche que diera la vuelta por el arcén, para ir hacia el sur otra vez, para huir del norte. Quizás eso nos salvó.

¿Qué es lo más curioso que le ha pasado haciendo una función?Haciendo La cena de los idiotas, con Agustín Jiménez, a los cinco minutos de función se rompió el cristal de un foco y cayó en suelo al lado de Agustín. En ese momento nos quedamos en blanco, callados, acojonados. Y dije yo "¡Paqui, saque una mopa y friegue esto, que se ha caído un cristal!". Una actriz que se puso un gorrito, cogió una escoba y un recogedor, salió, se llevó el cristal y seguimos la función.

¿Siendo Josema Yuste la gente espera que sea gracioso todo el tiempo?La gente que me conoce, no, porque saben que yo una vez que juego el partido me quito el uniforme, las botas, las cuelgo en mi taquilla y me voy a mi casa y soy una persona normal, que no estoy haciendo el idiota todo el rato, o haciendo bromas todo el rato, porque yo las hago en el escenario, ahí me desgasto y me vuelco. Eso no quita que puntualmente fuera diga una chorrada o se me ocurra algo, porque lo que sí tengo desde que nací es tengo sentido del humor, pero lo utilizo mucho más profesionalmente.

¿Alguna vez le ha sacado de un apuro el carisma del cómico?Muchas veces y normalmente en un 90% de las ocasiones de favorece, que te den mesa, un médico que te pase usted primero... esas cosas. Y el trato, suele ser una ventaja.

¿Cuál es el el sketch de Martes y Trece que más veces le han pedido que repita o imite?Bueno, es que yo creo que han sido tantos que no hay ninguno en particular. Hace ya bastante tiempo que no me piden ese tipo de cosas. En su momento lo de Encarna de noche era brutal. Sí me piden mucho hacer un vídeo para un cumpleaños de una hermana que se casa, por ejemplo.

¿Nota una brecha generacional en eso de que le reconozcan?Sí, absolutamente. Yo ahora me paseo por cualquier discoteca de chavales jóvenes de 18 a 25 y ni idea de quien soy casi nadie. El otro día eché gasolina y la chica que me cobró en la gasolinera tendría 25 años y me reconoció. Le pregunté y me explicó que sus padres le habían puesto nuestros vídeos. En general me conoce la gente de 50 en adelante.

Muchos sketches de Martes y Trece hoy en día no habrían sido posibles...La cosa está un poco enferma… creo que hemos pasado un poco la línea, hemos pasado de quedamos cortos a pasarnos siete pueblos, así que hay algunos sketches que no se podrían hacer, evidentemente. Todo lo que hacíamos entonces era con ingenuidad, sin tratar de ofender a nada, ni a nadie, aún así, lógicamente algunos no se podrían hacer hoy en día, y con razón, y otros me parece un poco desproporcionado.

¿Es algo social?Yo creo es más tema político. La gente en la calle yo creo que no sigue tanto a los políticos o a la política, o a lo que marcan los políticos. La gente no se ofende tanto como parece.

¿Cómo lleva eso a la hora de crear humor, le coarta?En El aguafiestas yo hacía un personaje gay y no pasaba nada, la gente se reía y lo pasaban muy bien. Ahora mismo lo haría, dependiendo del personaje, si fuera más alocado, lo haría muy alocado. Si fuera un gay más comedido, pues más comedido, porque hay de todo en la viña del Señor, cada uno se expresa como quiere, como le da la gana. Pero, ¿por qué no se puede parodiar eso? A veces hay un poco de dictadura moral.

¿Como eran los procesos de creación de un sketch de Martes y Trece?Quedábamos en mi casa, o en la casa de Millán y nos poníamos a trabajar: mesa, boli y papel. Confrontábamos ideas, llegábamos a un acuerdo y hacíamos el sketch. Así de fácil, como se reúnen los guionistas a trabajar. No había otra.

¿Cuál es el trabajo que ha hecho que le encantó hacer pero que no es tan conocido?
Pues mira el doblaje del personaje del Genio en la película de Disney Aladdin. Ese personaje me encantó hacerlo, creo que es una de las mejores cosas que yo he hecho en mi vida y claro, no tiene la difusión que tienen otras cosas. Es una de las películas de Disney más recordadas y se dobló a 44 idiomas.

Se llama usted José Mariano Yuste García de los Ríos ¿tiene pasado aristocrático?No, mi padre era un pobre empleado del Banco de España y por la tarde contable en dos oficinas (risas). Yo heredaba la ropa de mi hermano, para más datos.

¿Cómo llevaron en su casa eso de que les dijera que quería ser artista y encima, cómico?A mi madre la perdí con nueve años, con lo cual mi madre nunca supo que yo iba a ser artista y mi padre no lo entendió nunca, hasta que lo fui y ya vivía de esto. Y entonces ya lo entendió. Al principio eran cosas como "esa profesión es muy insegura, no vas a ganar dinero, la farándula está llena de maleantes" (risas). Al final me empeñé y sí.

¿Se lo recomendaría a alguno de tus hijos o le habría puesto pegas?Si yo veo a un hijo mío desde pequeño, como yo, con una gran vocación... porque yo soy vocacional cien por cien, yo no soy un señor que pasaba por ahí e hizo un casting porque acompañaba a un amigo. Yo soy actor desde que tengo siete años, cuando quise ser eso. Así que sé lo que es la vocación, lo sé porque lo he sentido, lo he vivido. Entonces, si yo veo que un hijo mío desde pequeño siente la vocación, le apoyo. Si veo que no hace nada, que es mal estudiante, que tiene ya 18 y me dice "voy a hacer lo que tú", trataría de disuadirle, lo reconozco.

¿Cuántas veces le habrán preguntado si vuelve Martes y Trece?Bueno, unas cuantas, pero siempre digo lo mismo: no es posible. No, no volverá nunca. Las cosas están bien en el pasado, en la historia y además ya con esta edad sería un poco patético (risas). No es un no por cojones, ni quiere decir que nos llevemos mal, es porque ninguno de los dos quiere. Y si no quiere ninguno de los dos, es imposible.

Usted se reinventó muy rápido, pero ¿echó de menos el gran éxito, tuvo parón?Debo decir con honestidad que no he tenido ese parón. Terminé en Martes y Trece y ya empezaba hacer una serie de televisión y luego otra, y luego otra... Sí que es verdad que tuve un año, exactamente un año, de parón, en el que hice cuatro chorradas, casi nada. Entonces dije “la tele ya se ha terminado, no te llaman ya apenas… tengo que reinventarme, voy a volver a lo que a mí me gusta y siempre creo que he hecho bien, que es el teatro. Empecé en el teatro cinco años antes de Martes y Trece como actor. Justo en esa época sonó el teléfono y me llamó mi socio, Jesús Sánchez-Ramade, para hacer una obra de teatro y allí empezamos junto a otro socio, Enrique Fayos. Hicimos una obra y funcionó y luego otra, otra… y llevamos 22 años.

¿Sigue teniendo miedo por esta profesión inestable en lo económico?No, ya no… aunque soy un poco nervioso con el tema económico, lo reconozco. El dinero me parece muy importante. Hay gente que dice que no, pero una po... (risas) es importante, por lo menos para mí. No te tiene que obsesionar, pero importante, lo es, sin dinero no haces nada. Siempre he tratado de conseguirlo y quizá me preocupaba más hasta hace como diez años. Ahora tengo unos ahorros y la pensión que me va a quedar y para vivir tenemos. Ahora ya trabajo más por placer, por afición, porque me gusta estar vivo, sentirme útil y porque disfruto mucho trabajando, esa es la verdad.

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