Javier Yanes Periodista, escritor, biólogo y doctor en Bioquímica y Biología Molecular
OPINIÓN

Ni momias alienígenas, ni ovnis de la NASA

  • A pesar de todo el revuelo reciente sobre ovnis y alienígenas, seguimos como antes.
¿Un ovni en el cielo del atardecer?
¿Un ovni en el cielo del atardecer?
J.Y.
¿Un ovni en el cielo del atardecer?

Observen la imagen que acompaña a este artículo. ¿Una más de las miles de pruebas que demuestran la presencia de ovnis en nuestro planeta? Aclaremos, ovnis entendidos como naves alienígenas; for the record, siempre debe añadirse que su nueva denominación recomendada es FANI (UAP en inglés), que en breve tiempo ha mutado de Fenómenos Aéreos No Identificados a Fenómenos Anómalos No Identificados, pero ni la RAE recoge aún ninguno de estos términos ni algunos tenemos ya edad para llamar a los ovnis de otro modo que no sea ovnis.

Pero como ocurre en tantos otros casos, no, lo de la imagen no es un ovni; y de esto no hay la menor duda, ya que la foto la tomó un servidor este pasado verano. El lugar es el Gran Cañón, en Arizona (EEUU), al atardecer. Y lo que se ve en la imagen es… una simple nube. La luz, la falta de perspectiva 3D y los bordes difusos crean la ilusión de un platillo volante en movimiento. En realidad no se movía, y en pocos minutos la nube fue disgregándose.

Lo único que demuestra la foto es que todos podemos hacerlo. Podría dar el pego, sobre todo si la acompañáramos con un bonito relato sobre cómo se movía y cómo aceleró de repente para desaparecer; lo mismo que en el caso de tantos otros documentos gráficos que muestran cosas extrañas en el cielo, casi infinitos desde que en 1947 un periodista inventara la idea de los platillos volantes por una confusión con el relato de un avistamiento. Y aunque mi foto no sea ninguna maravilla, tampoco lo son la inmensa mayoría de las que circulan. En la era de los móviles con cámara en el bolsillo de cada ciudadano, todavía no ha surgido nada mucho mejor.

No cabe duda de que está siendo un año interesante para el mundo alienígena, si bien debe quedar claro que aún estamos tal cual estábamos hace un año, diez o cincuenta. Es pertinente destacar esto porque, dado que incluso algunos medios supuestamente serios se han lanzado a un sensacionalismo feroz, y no digamos ya Twitter (que, como los ovnis, ahora se llama de otra manera), muchas personas podrían quedarse con la idea de que ahora tenemos alguna prueba de algo, entre los “la NASA reconoce la existencia de ovnis” o los “una universidad de México presenta momias de alienígenas en el Congreso”.

Muñecos de huesos, fibras y pegamento

Así que conviene bajar a la realidad. Con respecto a esto último, lo de las presuntas momias alienígenas, incluso medios serios han presentado la noticia de un modo sonrojante, dando credibilidad o al menos sembrando la duda, y sin mencionar: primero, que el autoproclamado ufólogo que presentó esos objetos no es un científico, sino un periodista con un historial de hablar con la Virgen de Guadalupe y haber pretendido previamente hacer pasar como momia alienígena lo que se demostró era un niño humano; segundo, que la Universidad Nacional Autónoma de México ha desmentido sus afirmaciones, aclarando que lo único que ellos hicieron fue una datación por carbono-14 de una pequeña muestra recibida; y tercero, que aunque se desconoce el origen de esos objetos presentados, son iguales a otros previos presentados en 2017 en Perú y que eran simples muñecos fabricados con huesos humanos y animales, fibras vegetales y pegamento; como las famosas momias de sirenas.

También este año hemos presenciado sesiones en el Congreso de EEUU en las que alguien ha afirmado que alguien le dijo que tenía pruebas de tecnologías o restos biológicos alienígenas, nada nuevo desde Roswell. Y no menos importante, tenemos el famoso informe de la NASA. Cuyas afirmaciones de que ciertos avistamientos no han hallado explicación científica han sido trocadas en un “la NASA reconoce la existencia de los ovnis”, como si no poder certificar que una persona que aparece en una foto NO ES Elvis fuera suficiente para concluir que ES Elvis.

Sobre si la NASA hace bien o no metiéndose en este fregado que ha evitado durante décadas, hay opiniones, y es perfectamente discutible. Pero en esta discusión debe tenerse en cuenta que, en cualquier caso, todo lo que haga o diga la NASA al respecto se va a tergiversar, como ya se está haciendo.

Si algo ha hecho bien la NASA históricamente, además de lo suyo propio, es comunicar. Siempre se ha distinguido por su transparencia y su divulgación. Pero en el caso que nos ocupa, y aunque la documentación oficial ha aclarado desde el primer momento de qué trataba la creación y el trabajo de un equipo de estudio independiente sobre el tema, no parece haber sido suficiente.

Esto es lo que se ha entendido: la NASA crea un equipo para estudiar si existen los ovnis o no (siempre, entiéndase, como naves alienígenas). Admite que existen casos que no pueden explicarse, pero no confirma su origen alienígena. Y ciertos medios dicen que las conclusiones del estudio son decepcionantes porque ni confirma ni desmiente, ni sí ni no.

Pero esta era la realidad, muy diferente: la NASA crea un equipo de estudio para definir una aproximación metodológica que en el futuro permita estudiar las alegaciones sobre ovnis con herramientas científicas, y con ello desestigmatizar esta materia de estudio, despojarla de toda su tradición de leyendas, bulos y conspiranoias para ponerla bajo el microscopio de la ciencia.

El objetivo de la NASA no era concluir si ovnis sí, ovnis no, sino evaluar su capacidad para contribuir al estudio científico del fenómeno

Es decir, que el objetivo perseguido en este informe no era concluir si ovnis sí, ovnis no, sino evaluar la capacidad de la agencia para contribuir al estudio de los ovnis y establecer un método científico de análisis; no era emitir un diagnóstico, sino crear herramientas de diagnóstico. Y para ello la NASA no ha hecho sino analizar información desclasificada ampliamente disponible como la que cualquiera puede encontrar en internet. En otras palabras, lo que la NASA ha hecho es un simulacro, un entrenamiento.

Todo esto se especifica en el informe final: “Este informe ofrece una visión de cómo la NASA podría contribuir a la comprensión de los fenómenos y cómo la aproximación de la NASA podrá complementar el esfuerzo integral del gobierno para comprender los UAP”. Sin embargo, quizá en la presentación de las conclusiones no se hizo el suficiente hincapié en cuál era el propósito y cómo se ha alcanzado del modo previsto, cuando lo que muchos esperaban era un pronunciamiento definitivo sobre el origen alienígena de los ovnis.

Misión cumplida

Como conclusión, la NASA ha cumplido su objetivo con este pequeño estudio, y previsiblemente en adelante va a erigirse en una fuente científica de información sobre presuntos indicios de ovnis y alienígenas. Sobre si este empeño durará mucho hay, no opiniones, sino apuestas. No por casualidad el actual administrador de la agencia, Bill Nelson, es un convencido de la existencia de vida alienígena.

Pero la postura podría cambiar en el futuro, bien por cambios en la dirección, porque no se encuentre fundamento suficiente para continuar estudiando lo que no deja de ser una leyenda popular, o bien porque se considere que, en la edad de oro de los bulos y las fake news, insistir en esto puede afectar a la credibilidad o la reputación de la que no es una compañía de transportes espaciales, sino una de las instituciones científicas más potentes y sólidas del planeta.

En resumen, soplan buenos vientos para los aficionados a ovnis y aliens debido a lo que parece una resurrección del interés popular, pero debe quedar claro que hasta ahora todo ha sido puro humo; aún no hay absolutamente nada nuevo que lo saque de donde ha estado siempre, sección paranormal, pasillo cuatro. Si ahora hay una mayor atención científica porque la ciencia del siglo XXI podría aportar algo nuevo, sea. No es el único caso histórico del ser humano empeñándose tanto en demostrar la existencia de algo que se empeña tanto en seguir sin existir.

Periodista, escritor, biólogo y doctor en Bioquímica y Biología Molecular

Soy periodista, biólogo y doctor en Bioquímica y Biología Molecular. Antes de dedicarme al periodismo, en los años 90 trabajé en investigación en el Centro Nacional de Biotecnología y publiqué 19 estudios científicos y revisiones. Como periodista de ciencia, fui jefe de sección de Ciencias del diario Público, y entre mis colaboraciones figuran medios como El País/Materia, El Huffington Post, ABC, Efe o BBVA OpenMind, entre otros. En mis ratos libres también intento viajar y escribir sobre viajes. He publicado tres novelas: 'El señor de las llanuras' (Plaza & Janés, 2009), 'Si nunca llego a despertar' (Plaza & Janés, 2011) y 'Tulipanes de Marte' (Plaza & Janés, 2014).

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