La precariedad lleva a los jóvenes españoles a emanciparse tres años más tarde que la media europea

Jóvenes pasean por la calle en Madrid
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Jóvenes pasean por la calle en Madrid

Los jóvenes españoles se enfrentan en la actualidad a varios problemas comunes a la hora de abandonar el nido. Un mercado laboral inestable e inaccesible, periodos prolongados de prácticas (en el mejor de los casos mal remuneradas) y salarios bajos que no crecen se suman a la subida del coste de la vida y los elevados precios del alquiler. El resultado es que los jóvenes asalariados tienen que dedicar en torno al 80% de su sueldo a pagar el alquiler. Se da la circunstancia añadida de que en España las generaciones de padres e hijos tienen generalmente una buena relación y, como es común en las sociedades mediterráneas, se concibe la familia como un elemento central de la vida. Todos estos factores empujan en una misma dirección, y es que la edad de emancipación de los españoles se sitúa en los 29,6 años de media, más de tres por encima de la media europea.

Así lo confirman los últimos datos de Eurostat, que reflejan además una diferencia notable entre la edad a la que se independizan las mujeres (28,9 años) y los hombres (30,8 años). Los países del sur del continente son los que más tiempo mantienen a sus jóvenes en el hogar familiar, en ocasiones más allá de los 30 años. Es el caso de Portugal, donde los ciudadanos pasan de media 33,6 años en casa de sus padres. En Europa hay ocho países que presentan una edad media de emancipación más tardía que la de España, entre ellos Croacia, Eslovaquia, Grecia o Italia. Al otro lado de la lista, los suecos, daneses y finlandeses son los que antes comienzan su vida independiente: a los 19, 21,3 y 21,5 años, respectivamente. 

El catedrático de Sociología de la Universidad Rey Juan Carlos Roberto Barbeito explica a 20minutos  que el retraso en la edad de emancipación ha sido una "tendencia general en Europa y en los países ricos" durante los últimos años. En España, así como en el resto de las naciones del sur de Europa, esta inclinación se intensifica por dos causas principales: la precariedad y la familia. 

"En primer lugar, no cabe duda de que la incertidumbre y la dificultad para el acceso a la vivienda y a un trabajo estable son factores decisivos", afirma Barbeito. Una serie de circunstancias que no han hecho más que agravarse desde la crisis de 2008. Los datos reflejan que el alquiler de la vivienda ha subido hasta ocho veces más que los salarios de los jóvenes desde aquel año. 

Las generaciones que entraron al mercado laboral a partir de 2008 son las que han sufrido una mayor devaluación de su salario en términos reales. Esa pérdida de poder adquisitivo se recrudece especialmente en lo que respecta al precio del alquiler. Mientras que el salario medio bruto de los españoles de entre 25 y 34 años ha subido un 4,6% entre 2008 y 2020, el precio medio del alquiler se ha disparado en ese periodo un 38,5%

Pero más allá de los factores económicos, "la buena relación intergeneracional" que caracteriza a los españoles lleva a los jóvenes a permanecer más tiempo en el domicilio de sus progenitores. "Las familias son cada vez más democráticas, más tolerantes y más abiertas", señala Barbeito, que considera que "los hijos valoran altamente la calidad de vida en los hogares familiares". 

Una afirmación que, no obstante, requiere de matización, apunta el sociólogo. "Depende mucho de factores como el nivel económico, la clase social o la religión. En general, las clases bajas se emancipan a una edad más temprana porque encuentran menos comodidad en sus casas, comienzan a trabajar antes y están más predispuestas a la austeridad", explica el catedrático. 

A pesar de ello, los jóvenes de clase baja son "posiblemente" los que más recursos aportan, por lo general, a la economía familiar y los que tienden a quedarse junto a su familia en caso de una recesión económica. Según explica Barbeiro, las aportaciones económicas de los jóvenes no independizados de clase media son "marginales". Lo más habitual es que sus padres se limiten a exigir "que se sufraguen sus propios gastos". 

Expectativas frustradas

En todo caso, la emancipación tardía tiene claros efectos sobre la salud mental y el estado de ánimo de los jóvenes. El primero de ellos: "La frustración de expectativas". Sin que sea necesario un ambiente incómodo o indeseado en el hogar familiar, los jóvenes que ven pasar los años sin dar pasos hacia la independencia se ven abocados a la frustración, especialmente por no tener la certeza de que la estabilidad económica vaya a llegar próximamente. 

El retraso en la independencia tiene además sus efectos en el tejido social español. A ojos del catedrático de Sociología, "la sociedad española demuestra que a través de las familias consigue absorber un problema", algo que "podría entenderse como un éxito". Sin embargo, Barbeito apunta también que "se puede decir que la situación limita la diversidad, la libertad y la creatividad en las nuevas generaciones y genera problemas de cohesión social". 

De cara a los próximos años, el entrevistado considera que "la situación evolucionará dependiendo, fundamentalmente, del acceso al mercado laboral y a la vivienda", aunque los jóvenes podrían acabar "rebajando sus expectativas" y mostrarse dispuestos a independizarse con más dificultades.

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