Carmelo Encinas  Asesor editorial de '20minutos'
OPINIÓN

Macarena Meloni

Vox cierra la puerta a la vuelta de Macarena Olona: "Es el fin del camino"
Santiago Abascal, junto a Macarena Olona.
Europa Press

La cúpula de Vox sobreactuó celebrando el triunfo de Giorgia Meloni. Santiago Abascal lanzó de inmediato un tuit de felicitación con su foto junto a la líder de los Hermanos de Italia. Meloni había asistido aquí a algún mitin de su "amigo español", como llamaba a Abascal, pero el líder de Vox no fue invitado a participar a la campaña de su "amiga" Giorgia, lo que le habría proporcionado una publicidad impagable. El motivo de que no quisieran verle por Italia parece responder al interés de Meloni por moderar el tono de su discurso para dar menos miedo y ampliar su espectro electoral, y en esa estrategia la presencia de su "amigo Santi" pensaron que no ayudaba. Así de fría es la política.

Acompañar a Giorgia en la campaña hubiera restado foco al episodio protagonizado días atrás por Macarena Olona y su intento fallido de volver a las filas de Vox. El culebrón que arrancó con su marcha del partido, aduciendo un problema de salud que resultó ser de orden muy menor, se ha convertido en el agujero negro de una organización que funcionaba hasta ahora como un cortijo. En Vox la democracia interna es casi inexistente, allí quien manda es Santiago Abascal junto a un reducido núcleo duro en el que su fiel capataz Ortega Smith actúa de ejecutor y donde Iván Espinosa de los Monteros le pone un punto de formalismo y racionalidad. A los demás peones se les oye, a veces incluso se les escucha, pero pintan menos que la Tomasa en los títeres, que diría José Bono. 

En ese esquema, la excepción fue Macarena Olona, cuyo discurso vibrante la hizo crecer en poco tiempo hasta el punto de eclipsar al propio Abascal, lo que despertaría los celos y recelos de sus escuderos. Cuando la dirección del partido le pidió que se fuera a Andalucía para encabezar la candidatura de Vox, a Olona no le gustó la idea, pero se impuso la disciplina y el ordeno y mando que trufaron con una sobredosis de expectativas, tanto que trataron de hacerle creer que pasaría por encima de Moreno Bonilla.

La vistieron de faralaes, la pintaron como una puerta, le dijeron que se le estaba poniendo cara de presidenta y se marcaron una campaña tan histriónica y prepotente que doña Macarena en un debate televisivo llegó a preguntar al candidato del PP, favorito en las encuestas, si aceptaría ser su vicepresidente. La ducha de realidad que le aplicaron las urnas desató un cruce de reproches sobre los errores de la campaña que acabó con Olona y Ortega Smith tirándose de los pelos.

A partir de ahí todo se torció. La dirección de Vox, habituada a resolver los problemas internos expulsando al que expresara la menor crítica, como había ocurrido en Badajoz, Cádiz o Ceuta y Melilla, no supo valorar la pegada de Macarena Olona y la pretendida operación retorno. Su camino de Santiago y los actos con Mario Conde (siempre tentado por la política) se interpretaron como un desafío, de forma que antes de recibir oficialmente el portazo de Abascal ya era obvio que el punto de no retorno se había cruzado y el cisma estaba servido.

Macarena Olona ha empezado a rodearse de críticos con la cúpula de Vox. Y aunque afirma desearles lo mejor a sus excompañeros, el roto ya está hecho. Dice que seguirá en política y juega con la idea de montar un nuevo partido. Su referente será la figura rutilante de Giorgia Meloni, también mujer y con arrestos sobrados para dejar en cueros a Salvini y Berlusconi. Los paralelismos ideológicos, populistas y de apariencia son claros y la propia Olona la señala como su inspiración. Abascal tiene motivos para preocuparse, una versión Meloni llamada Macarena puede resultar devastadora para Vox.

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