Italia encumbra a Meloni y lleva a la victoria a toda la derecha en un vuelco histórico

La líder del partido Hermanos de Italia (FdI), Giorgia Meloni, celebra el resultado de las elecciones generales italianas, en Roma.
La líder del partido Hermanos de Italia (FdI), Giorgia Meloni, celebra el resultado de las elecciones generales italianas, en Roma.
ETTORE FERRARI / EFE
La coalició Hermanos de Italia (FdI), Liga y Forza Italia (FI) ha ganado las elecciones.
EFE

Italia se reinicia. El país abre una nueva era con la victoria electoral de este domingo de la ultraderecha, con Giorgia Meloni como la más votada (26,24%). Fratelli D’Italia (Hermanos de Italia) lidera el cambio y la vuelta del conservadurismo a la mayoría después de la caída de Silvio Berlusconi en el año 2011. El posfascismo ha pasado de ver cómo su plan estaba completamente marginado a como poco capitanear la formación de un nuevo Gobierno solo 19 meses después del cese de Mario Draghi. Roma deja atrás muchos años de ejecutivos de centroizquierda y de pruebas tecnocráticas que han derivado en un vuelco que podría contagiar además al resto de Europa.

Tras las elecciones con la participación más baja desde 1948 (63,91%), Meloni tiene más cerca el asiento que nunca ha ocupado una mujer. Ella es la primera en ganar, y puede ser la primera en gobernar si una derecha que ha primado las coincidencias frente a las importantes diferencias (que las hay, sobre todo respecto a Rusia) consigue ponerse de acuerdo. Y es que el pacto no es ni mucho menos automático, menos en un país donde el último primer ministro salido de las urnas fue Silvio Berlusconi en el año 2008. El sistema electoral italiano premia las coaliciones, y eso uno de los lados lo ha entendido. El otro no tanto. Aunque, eso sí, el paso por las urnas es solo el primer paso en una política que guarda regalos envenenados.

Con más del 90% de las papeletas escrutadas --tanto para el Senado como para el Congreso de los Diputados--, el FdI ha conseguido el 26,5% de los votos; seguido del Partido Democrático, de Enrico Letta, con el 19,4%; y el Movimiento 5 Estrellas, de Giuseppe Conte, en tercer lugar con el 14,8% de los votantes.

La Liga de Matteo Salvini habría conseguido el 9% y Forza Italia, de Silvio Berlusconi, el 8%. Sin embargo, ninguno de los dos han valorado por el momento los resultados electorales. El bloque de derechas --compuesto por Meloni, Salvini y Berlusconi-- conseguiría la mayoría absoluta en ambas cámaras, con el 44%, frente al 26% del centro-izquierda. Cuando se publiquen los datos definitivos, Meloni tendrá que reunirse con sus socios de coalición para conseguir un acuerdo que le permita colocarse como primera ministra del país.

La presidenta de FdI ha pedido en una declaración institucional en la noche del domingo la dirección del próximo gobierno italiano. "Ha llegado una indicación clara de los italianos de un gobierno de centro-derecha dirigido por los Hermanos de Italia".

Una Meloni exultante fue recibida por los suyos a ritmo de Rino Gaetano y citó a San Francisco en una breve comparecencia. "Empiezas haciendo lo necesario, después lo posible y luego acabas viendo que puedes hacer lo imposible", apuntó la líder de Fratelli entre aplausos. Y como era de esperar viendo los resultados, reclamó liderar el nuevo Gobierno. Su crecimiento fue a costa de quienes son sus socios, y es ella la que quiere marcar el paso. Tuvo en ese punto un mensaje para los ciudadanos: "Si gobernamos esta nación lo haremos por todos los italianos, para "exaltar lo que une y no lo que divide, porque nuestro objetivo es que los italianos pudieran estar orgullosos de serlo".

La reacción más rápida, con todo, fue la del PD. La portavoz de la formación progresista en la Cámara de los diputados, Deborah Serracchiani asumió la derrota pero no hizo autocrítica, sino que centró su discurso en la labor que tienen a partir de ahora. "Somos la primera fuerza de oposición y la segunda fuerza política y tenemos que hacer una oposición importante ante Europa y ante nuestro país en este momento delicado", aseguró, añadiendo solamente que el partido necesita "hacer una reflexión" tras un cara a cara planteado con Fratelli del que ha salido perdiendo. Considera, eso sí, que "la derecha no es la mayoría de los italianos" y que este es "un día triste" para Italia.

Empiezas haciendo lo necesario, después lo posible y luego acabas viendo que puedes hacer lo imposible

Más confianza mostraron desde Forza Italia. El Gobierno italiano que forme la derecha tras el triunfo logrado en las elecciones de este domingo será "estable", aseguró rápidamente también Antonio Tajani, el coordinador nacional de la formación de Berlusconi. "El resultado del centroderecha dará lugar a un gobierno estable, no habrá problemas relacionados con las diferentes posiciones de los partidos de la coalición", esgrimió el que fuera presidente del Parlamento Europeo. Tendrá que ser, no obstante, el presidente de la República, Sergio Mattarella, el que dé luz verde a la constitución del Ejecutivo.

Las elecciones son solo el primer paso

El último paso hacia el Palazzo Chigi es el de la imagen de moderación. Meloni empezó su carrera política en las juventudes del Movimiento Social Italiano, heredero entonces de Mussolini, para después pasar a Alianza Nazionale, una formación que siguió esa línea neofascista pero que al mismo tiempo trató de moderarse para ser aceptable en el sistema. Gianfranco Fini intentó ese viraje, pero Meloni quiere sentarse, como ella misma dijo cuando asumió la presidencia de Fratelli (fundado en 2012), en el despacho de Giorgio Almirante, máximo exponente del MSI y representante de la línea dura de la ultraderecha.

Meloni, a paso lento pero firme, ha conseguido al final ser una aglutinadora del voto de derechas, con la radicalización que eso conlleva. Pero su objetivo ya no es agitar, sino gobernar. Nunca renegó abiertamente del fascismo, pero en esta campaña por ejemplo publicó un vídeo en varios idiomas reivindicando su "compromiso con la democracia". Fratelli quiso ser un partido votable y lo ha logrado. Además, Meloni no se considera feminista, pero sí reivindica su papel como mujer y al mismo tiempo recupera el lema del fascismo sin que sorprenda a casi nadie: Dios, patria y familia. Una llamada a la Italia más conservadora que parece querer "un orden" otrora (y quizás también ahora) imposible en el paradigma de la inestabilidad.

Representantes de ultraderecha de países europeos han celebrado el resultado, como el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki; el eurodiputado deLe Pen Jordan Bardella; el asesor político del húngaro Viktor Orbán; el francés Eric Zemmour; la vicepresidenta del partido alemán AfD, Beatrix von Storch; o Santiago Abascal, de VOX.

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