Borja Terán  Periodista
OPINIÓN

La gran habilidad de Mayra Gómez Kemp (que ha vuelto a demostrar)

"¡Para eso me pagaban!"
Mayra Gómez Kemp y José Ramón Sánchez en el primer 'Sabadabada'.
Mayra Gómez Kemp y José Ramón Sánchez en el primer 'Sabadabada'.
RTVE PLAY

Mayra Gómez Kemp ha presentado los programas más complicados de la historia de nuestra televisión. Cuando no había 'pinganillos' chivatos en el oído, cuando no había chuletas en el objetivo de la cámara, cuando la presentadora estaba sola bajo los focos y nada podía fallar para que no saltara por los aires el medido engranaje de cámaras.

La habilidad de Gómez Kemp se cimentaba en que iba a las grabaciones con los deberes bien aprendidos. Tenía bien estudiado el guion, tenía claro el objetivo de cada escena como si el programa fuera una ficción a interpretar. Ese control de la secuencia le permitía improvisar con soltura. Y hasta dejar fluir su característica risa.

Los concursos y programas infantiles son impredecibles, el buen comunicador es el que logra destacar las espontaneidades inesperadas del directo sin perder el hilo narrativo del show. En tal cometido, Mayra Goméz Kemp era brillante. Introducía tan fácil el guion en el devenir de la grabación que, cuatro décadas después, algunos protagonistas de sus programas siguen pensando que todo fue fruto de las casualidades de la vida. Así lo evidenció, hace unos días, el ilustre ilustrador José Ramón Sánchez al inaugurar una exposición sobre su obra en la Casa de Cantabria de Madrid (se puede visitar aún esta semana). Allí estaba Mayra, acompañando al que fue su compañero en el emblemático espacio infantil Sabadaba de TVE.

"Me contrataron para estar en una mesa dibujando. En el primer programa, tenía que dibujar cuatro inventores. Uno era Isaac Peral, otro el Doctor Fleming, otro Graham Bell y nunca he conseguido recordar quién fue el cuarto. Pero da la casualidad que cuando estaba pintando al primero, Mayra, en vez de explicar la vida de los inventores, me preguntó. Y me abrió la puerta para que yo desarrollara algo impensable en ese momento: podía al mismo tiempo dibujar y contar una historia. Se lo debo a ella, aunque ella no se acuerda", reflexionó Sánchez en la presentación de su exposición. Entonces, Mayra, que escuchaba discreta en una esquina, se acercó al micrófono y sarcástica apuntilló: "¡para eso me pagaban!". Y, rotunda, se volvió a segundo plano.

El público se rió a carcajada. Con su instinto del espectáculo de siempre, Mayra estaba poniendo el gran colofón al encuentro con el ilustrador más televisivo de nuestra historia. Y, sin pretenderlo, estaba recordando la cualidad del buen comunicador: la habilidad para que el guion, el ensayo y las preguntas parezcan una casualidad. José Ramón Sánchez sigue creyéndolo media vida después. Es el talento de una currante de la complicidad como ha sido y es Mayra Gómez Kemp.  

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