Borja Terán  Periodista

María del Monte, sevillana de colores

María del Monte sale del armario en el Orgullo 2022
María del Monte en el Orgullo 2022 de Sevilla
GTRES

María del Monte es un icono. Siempre lo ha sido. Ella dirá que no lo es. Los verdaderos iconos normalmente no saben que lo son. Por eso mismo, son iconos. Hace tres largas décadas, María sedujo a la sociedad con una sevillana de esas que se quedan en la memoria colectiva. "Yo iba de peregrina y me cogiste de la mano". A la sombra de los pinos, su talento fue abriéndose camino. No sólo cantaba: interpretaba con la cualidad extra de contar con una particular espontaneidad sobre el escenario que, rápido, evidenció que era una gran comunicadora del vivo y del directo. La televisión la necesitaba. La televisión la contrató. Natural y con reflejos para la ironía, había nacido una showoman de la complicidad. 

Desde entonces, María del Monte se ha hecho querer en multitud de programas. Ha sabido conectar con el espectador gracias a una honestidad que atesora un punto de ingenioso humor que ha relajado incluso los magacines más tensos. Hasta que aparecía la sexualidad en primera persona. En ese mismo instante, empezaban los eufemismos y esa naturalidad de la artista impedía disimular que estaba incómoda. 

María del Monte sin quererlo, ni quizá saberlo, estaba retratando una realidad social desde su superpoder para ser transparente: la realidad social del tabú. A los heterosexuales nunca se les pide ser discretos con sus relaciones de pareja. No ocultan a sus mujeres y hombres. Se comenta la vida en pareja sin titubear. Porque nadie va a ser juzgado por ello. No ha sucedido lo mismo con las parejas homosexuales. Peor todavía si eres mujer, pues se sufre doble vulnerabilidad: la del machismo y la de la lesbofobia. Así las lesbianas han sido invisibles. Había que instalarse en una ambigüedad a la hora de tocar según qué temas. 

La propia María del Monte cuando habla de su sexualidad la lleva a un terreno de una pudorosa intimidad, que no ocurre en la vida cotidiana de las personas heterosexuales. Da igual que sean parejas desconocidas o famosas. Son las consecuencias diarias de la desigualdad de derechos y la estigmatización de las diversidades. De ahí también surge un temor que sigue latiendo en las declaraciones de María del Monte cuando viene a incidir que no quiere hacer sufrir a su entorno. Porque venimos de una sociedad que no ha tenido piedad con las minorías. De hecho, no hay que ir a un pasado muy remoto para encontrar las mofas que sin ir más lejos sufrieron María del Monte e Isabel Pantoja cuando se murmuraba sobre su supuesta relación en los años noventa. Faltaban referentes públicos con los que identificarse para empatizar con que no eres nada "inadecuado" y sobraban chismorreos dañinos que, con aires de superioridad moral, señalaban, insinuaban e intentaban instalar a la diversidad en lo clandestino, en lo sórdido, en lo que está mal. Y mejor que no se vea, mejor se "discreto".  Era difícil aceptarse como uno es. 

Se acabó la murmuración. María del Monte ha verbalizado quién es. Nunca es tarde. Nunca el tiempo es perdido. Uno se acepta cuando puede. Algunos listillos dirán que "ya se sabía", pero no: lo relevante es que ahora María del Monte podrá seguir ejerciendo su rotunda profesionalidad con la naturalidad de siempre pero con menos pavor al qué dirán, qué comentarán, qué tutelarán. Es el momento de que nadie hable en boca de las diversidades. Que la sociedad nos conozca de tú a tú, no sólo de oídas a través de mensajes resquebrajados que resuenan por un teléfono averiado de clichés. Entonces, poco a poco, la sociedad entenderá mejor aquello que no comprendió fruto de su desconexión con las realidades que desconoce.

María del Monte sigue siendo la misma María del Monte, pero ahora más libre. Sin necesidad de discursos que imponen cátedra y dejando atrás los chismorreos en la oscuridad, sólo compartiendo su luz en primera persona. Compartiendo en primera persona es como se derriban tabúes para una convivencia más tolerante y, por tanto, más libre. Una convivencia de colores a juntar y mezclar, como canta la propia María en una de sus sevillanas, Sevillanas de colores: "Arcoiris de colores, que en tu mano floreció. El abanico se mece, como se mece una flor. Como se mece una flor, en su lenguaje me dice lo que tu boca negó. Y en su lenguaje me dice, lo que tu boca negó. Todo tiene su color, en un mundo de colores". 

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