El año en que Sevilla mudó por completo su piel: la Expo del 92 cumple 30 años

  • Santa Justa, Plaza de Armas, seis puentes o nuevas rondas urbanas son parte del legado de la exposición. 
  • ​La Isla de la Cartuja se ha convertido hoy en un parque científico y tecnológico con más de 500 empresas.
Imagen de la isla de la Cartuja
Imagen de la isla de la Cartuja
MAGTEL

Sevilla celebra esta semana una de sus efemérides más importantes, marcada en el calendario como el punto de inflexión que transformó la ciudad y la hizo entrar de lleno en un proceso de modernización que ya apuntaba a la no muy lejana llegada del siglo XXI.

El 20 de abril se cumplen 30 años de la inauguración de la Exposición Universal de 1992 que, más allá de situar a la capital hispalense en el mapa internacional, supuso un cambio radical de 180 grados en la trama urbana y urbanística de la ciudad, dando lugar a una configuración mucho más abierta con nuevos elementos e infraestructuras sin los que hoy no se podría entender Sevilla.

A la Expo le debe la capital hispalense la estación de tren de Santa Justa, inaugurada un año antes de la exposición, y hoy puerta de entrada de más de nueve millones de viajeros al año ­–más de 200 en estas tres décadas– y uno de los puntos neurálgicos de la Alta Velocidad en España; la estación de autobuses Plaza de Armas, con un volumen anual de pasajeros antes de la pandemia del coronavirus de 5,5 millones de personas; un nuevo aeropuerto de San Pablo, que multiplicó por cuatro su capacidad inicial de pasajeros; y el gran eje andaluz, la A-92, que conecta Sevilla con Granada.

A estas infraestructuras determinantes se sumaron hace 30 años seis nuevos puentes, a saber: el del Centenario, el de las Delicias, el del Cristo de la Expiración, la Pasarela de la Cartuja, la Barqueta y el Alamillo; varias rondas urbanas nuevas, que sirvieron para interconectar los barrios de la ciudad, como la SE-30, la Ronda Norte, la de Pío XII o la de Triana; la desaparición del muro de la calle Torneo y el soterramiento de las vías del tren, intervención que posibilitó abrir el río a la ciudad por primera vez; la ampliación de la dársena del Guadalquivir, con la eliminación del Tapón de Chapina, que permitió la creación de siete nuevos kilómetros de paseo fluvial; la puesta en valor de cuatro nuevos parques, entre ellos, el metropolitano del Alamillo, con 120 hectáreas; y otras construcciones que hoy son epicentro de la programación cultural de la ciudad, como el Auditorio Rocío Jurado, los teatros Central y de la Maestranza o el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC).

El legado de la Cartuja

Pero sin duda alguna, si hay un legado destacable que dejó la cita internacional del 92 fue el de la Isla de la Cartuja, una extensión de más de 215 hectáreas que hasta la exposición no eran más que terrenos agrícolas en desuso, a excepción del Monasterio de la Cartuja. Tres décadas después, el que fuera hogar de la Expo y de sus millones de visitantes durante seis meses se ha convertido en el Parque Científico y Tecnológico (PCT)Cartuja, que alberga más de 500 empresas y startups, centros de formación e investigación, hoteles y espacios culturales, y una facturación anual de casi 3.000 millones de euros en 2020, año marcado casi en su totalidad por la pandemia.

El PCT, además, se encuentra inmerso actualmente en el desarrollo de un modelo de ciudad en ecosistema abierto, digital, descarbonizado y sostenible, con un horizonte temporal que se sitúa en 2025, cuando la Isla de la Cartuja disfrutará de un suministro energético 100% renovable. El proyecto, bajo la denominación de #eCitySevilla, convertirá el parque tecnológico en un referente de sostenibilidad internacional, y lo hará 25 años antes de lo que marcan los objetivos.

Es difícil medir la magnitud de un evento como la Expo 92, pero bastan algunas cifras para entender la dimensión y trascendencia que tuvo. Con la participación de más de un centenar de países, una veintena de organizaciones internacionales y varias empresas privadas, la exposición universal de Sevilla congregó en sus 176 días de duración a más de 18 millones de visitantes, que registraron más de 42 millones de accesos al recinto. Con una inversión de más de 1.100 millones de euros, la Expo marcó un antes y un después que difícilmente volverá a repetirse en una ciudad que, aunque no deja de crecer, dio el estirón definitivo hace 30 años.

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