El duelo de las mujeres que no pudieron ser madres: "La gente no entiende lo que es perder algo que nunca has tenido"

  • España es el país con la tasa de fecundidad más baja de la Unión Europea, 1,3 hijos por mujer.
  • Una mayoría de mujeres manifiestan que desearían tener aproximadamente dos hijos, según el INE.
Olga se decidió a ser madre a los 38 años, pero su pareja de entonces no quiso acompañarla en la paternidad.
Olga se decidió a ser madre a los 38 años, pero su pareja de entonces no quiso acompañarla en la paternidad.
Miquel Taverna
Olga se decidió a ser madre a los 38 años, pero su pareja no quiso acompañarla: "Fue bastante duro"
Wochit

Llevaba ocho años con su pareja, había alcanzado por fin la ansiada estabilidad laboral y Olga Ferré, que entonces tenía 38 años, decidió que era el momento de ser madre. "Me dijo que no, que ya no quería ser padre, fue bastante duro para mí", recuerda Ferré. Su relación terminó poco después y, con ella, también su proyecto de maternidad.

"Ser madre soltera no me lo planteé y empezar una nueva relación me daba como un palo tremendo", declara Ferré, que asegura que se sintió "hundida" tras la negativa de su pareja. "El deseo de ser madre es un deseo muy interno. Entonces, de alguna manera, me arrebataron ese deseo sin yo quererlo".

España es el país con la tasa de fecundidad más baja de la Unión Europea -1,3 hijos por mujer- e, íntimamente vinculada a esta cifra está la de la edad media a la que las españolas tienen su primer hijo -30,9 años- la segunda más alta del continente.

"Es como una carrera de obstáculos, pero de fondo", declara Mariona Lozano, investigadora del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona y coautora del informe ¿Por qué las mujeres no tienen todos los hijos que dicen querer tener?. "Para poder tener un hijo, primero necesitas una pareja, y, después de la pareja, un trabajo estable, todas estas transiciones en España ocurren de una manera muy tardía".

Tasa de fecundidad y edad de la mujer en el nacimiento del primer hijo en España y el resto de países de la UE.
 
 

La edad a la que se abandona el hogar paterno en España se sitúa de media en los 29 años y es también especialmente tardía respecto a los países de nuestro entorno, provocando que todo el proceso vital se retrase y con él, el momento que las mujeres consideran adecuado para la maternidad.

"Es verdad que hay un cambio cultural, las mujeres actualmente quieren buscar una pareja con la que compartir la crianza de los hijos y encontrar esa pareja lleva tiempo", explica Lozano. "A lo mejor, tienes que probar algunas parejas antes de encontrar la adecuada. Eso, viviendo en casa de los padres es complicado. Como la emancipación es tardía, se establece el vivir en pareja de manera más tardía y, si la primera con la que vives resulta que esa no es la que te conviene, hay que tener otra".

Ferré, que ahora tiene 52 años, no volvió a estar en pareja, pero tampoco culpa a su antiguo compañero de no haber podido ser madre. "Yo creo que fue por la edad y porque estábamos muy acostumbrados a estar solos, a ir para aquí y viajar. Una pareja sin hijos es muy cómoda", declara Ferré. "Un poco jodida me quedé, pero bueno, mira, no sé, encontré los profesionales adecuados, me pude ir rehaciendo poco a poco, me costó mucho, ¿eh?. Pero bueno aquí estoy".

- ¿Y cómo estás ahora?

- Ahora soy fotógrafa, voy con una cámara de aquí para allá. Realmente, ahora, (la maternidad) no cabe en mi vida. Ahora puedo decir que soy una mujer sin hijos, pero estoy contenta, he superado todo.

Olga se decidió a ser madre a los 38 años, pero su pareja de entonces no quiso acompañarla en la paternidad.
Olga se decidió a ser madre a los 38 años, pero su pareja de entonces no quiso acompañarla en la paternidad.
Miquel Taverna
"Ahora puedo decir que soy una mujer sin hijos, pero estoy contenta, he superado todo"

Inestabilidad en la pareja

El ciclo de vida clásico, que se iniciaba con una emancipación temprana, continuaba con el matrimonio y el establecimiento de una pareja a largo plazo y se culminaba con la formación de un núcleo familiar con varios hijos es ya un viejo recuerdo del pasado no solo en España, sino en toda Europa.

El acceso masivo de la mujer a la universidad y al mercado de trabajo, la aceptación del concubinato prematrimonial o de larga duración y la generalización de los divorcios y rupturas de pareja han dinamitado el antiguo proceso de formación de parejas estables y, con ello, han hecho caer los índices de fecundidad, tal y como argumenta el citado informe de Lozano.

Razones a las que las mujeres atribuyen el hecho de no haber tenido el número de hijos que deseaban.
 
 

Esto ha tenido como consecuencia que los proyectos vitales de muchas mujeres españolas -una mayoría manifiestan que desearían tener aproximadamente dos hijos, según el INE- acaben frustrados. Un 19% de las mujeres de más de 45 años no tienen hijos en España.

"Desde que recuerdo, siempre había tenido claro que sería madre", declara Paula Correa, una mujer sin hijos de 55 años residente en Vilanova i la Geltrú, Barcelona. "Recuerdo que, desde muy pequeña, decía: 'Yo tendré todos los hijos que pueda, todos los que mi economía me permita o mis circunstancias'".

Tras salir de casa de sus padres a los 26 años, Correa encadenó tres relaciones, padeciendo violencia machista en dos de ellas. En la segunda de ellas llegó a casarse y mudarse a Castellón, donde, durante cuatro largos años, convivió con su maltratador evitando el embarazo. Simplemente, asegura, "no quería tener una personita que estuviese sufriendo lo que estaba sufriendo yo aquí". Finalmente, regresó a Barcelona, donde vivían sus padres.

"Estaba mal por la situación que había vivido, pero también porque el sueño o el deseo de formar una familia se había venido abajo", recuerda Correa. "En ese momento, cuando me decían que se me veía muy bien después del divorcio y cuando me preguntaban si habíamos tenido hijos y yo respondía que no, me decían: 'Pues mejor, oye, porque con una situación así mejor’' Yo me ponía a llorar como una descosida".

Grupo de apoyo entre mujeres

Tras una última relación marcada también por el maltrato y que culminó, a sus 37 años, con un embarazo y un aborto natural, Correa asegura haber ya superado el largo proceso de duelo por no haber podido ser madre.

"Tienes mucha presión y no te dejan exteriorizar realmente cómo te sientes porque, cuando intentas hablar del tema en determinados entornos, te sientes incomprendida, te sientes juzgada, te sientes menospreciada", asegura.

Desde los 26 años, Paula Correa encadenó tres relaciones, padeciendo violencia machista en dos de ellas.
Desde los 26 años, Paula Correa encadenó tres relaciones, padeciendo violencia machista en dos de ellas.
Miquel Taverna
"Cuando intentas hablar del tema en determinados entornos, te sientes incomprendida, te sientes juzgada, te sientes menospreciada"

Todo cambió cuando vio a una excompañera de trabajo en televisión hablando de un grupo de apoyo formado por mujeres que no habían podido ser madres. "El primer día que fui, empecé a explicar mi historia y, de repente, sentí como en mi pecho se abrieran las compuertas y empezara a salir un dolor que yo no sabía que tenía ahí escondido. Sentí una liberación y me puse a llorar".

La excompañera de Correa era Gloria Labay, una matrona de 56 años que abandonó su sueño de la maternidad tras cuatro abortos hace 12 años. "Me di cuenta de que no había ningún recurso ni dentro de la salud pública ni en la privada, es que no había nada", explica Labay. "El dolor de no ser madre es como un dolor no reconocido socialmente por la gente y cuando intentan ayudarte, te dicen cosas muy banales que no te consuelan, te dan incluso más rabia".

Tras asistir en Londres a una charla de la autora británica Jodie Day, impulsora de una una red de ayuda mutua para mujeres sin hijos, Labay decidió imitar el proyecto en Barcelona, donde empezó a organizar sesiones en grupo donde mujeres que no habían podido ser madres se reunían para compartir sus experiencias.

"El objetivo es ayudarlas a pasar el duelo, un duelo como el de cualquier pérdida, pero la gente no entiende lo que es perder algo que nunca has tenido", declara Labay. "En realidad, lo que estás perdiendo es la vida que tú te habías imaginado como madre, es como que dejas de pertenecer a un club y, un poco, a la sociedad pronatalista en la que vivimos".

"Te sientes sola a todos los niveles"

Yurena Hernández empezó con su pareja, Carlos, con 18 años. Ambos eran de la isla canaria de La Palma y, a los 24 años, ya convivían. Carlos siempre quiso ser padre y, a los 27, ella logró un trabajo fijo y decidió que estaba preparada. "Por los métodos normales, no funcionaba", declara Yurena, que ahora tiene 41 años y ya ha renunciado a la maternidad tras tres tratamientos de inseminación artificial infructuosos.

Los viajes de La Palma a Tenerife, donde se llevaba a cabo el tratamiento por la Seguridad Social, las horas de permiso en el trabajo para poder hablar con los médicos, la ansiedad ante la incertidumbre y la tristeza con cada anuncio negativo llevaron a Hernández al límite.

Yurena Hernández estuvo varios años intentando quedarse embarazada por inseminación artificial.
Yurena Hernández estuvo varios años intentando quedarse embarazada por inseminación artificial.
CEDIDA
"El problema de esto no es solo el tratamiento, lo que genera en ti, en la pareja, es la incomprensión por parte del entorno"

"El problema de esto no es solo el tratamiento, lo que genera en ti, en la pareja, es la incomprensión por parte del entorno", declara Hernández. "No es que no te quieran ayudar, es que no conocen el problema, entonces, te sientes sola a todos los niveles y, luego, la sociedad que es que es pronatalista, ¿sabes? Yo casi a diario sufro comentarios y recetas mágicas y opiniones que no necesito: '¿Te rendiste?, pues sigue intentándolo, ¿solo hiciste tres tratamientos? una amiga se hizo cinco y lo consiguió, ¿por qué no adoptas?'".

Finalmente, Hernández decidió no continuar: "Psicológicamente, no podía con más fracasos". Ella misma también participa en los talleres online de Labay y, ahora, reivindica la visibilización y una mayor empatía con las mujeres que por distintas circunstancias no han podido tener los hijos que desearon un día.

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