La angustia de la Cenicienta

Detención realizada por los Mossos d'Esquadra, en una imagen de archivo.
Detención realizada por los Mossos d'Esquadra, en una imagen de archivo.
Europa Press

La cosa se pone fea y el Govern ha tomado la decisión de que a partir de las 00.30 de la noche los ciudadanos nos recluyamos en nuestro domicilio. Nada que objetar al respecto. Si las autoridades sanitarias solicitan al poder ejecutivo la adopción de este tipo de medidas, no les quepa la menor duda de que son urgentes y necesarias. 

La portavoz del gobierno catalán ha pedido responsabilidad a la ciudadanía, y a los municipios que arrimen el hombro solidariamente. Parques y playas deberán permanecer cerrados al público, las calles y plazas sin fiestas, jolgorio ni ‘botellón’. Medidas del todo pertinentes ante lo que se avecina. 

Eso sí, a más de uno nos va a dar la angustia de la Cenicienta. Ojo, nada que ver con el síndrome del mismo nombre consistente en el deseo de conseguir un ‘príncipe azul’ rico y protector. La angustia de la que les hablo es de otra naturaleza. 

En las instituciones, sobre todo en los ayuntamientos, la angustia de la Cenicienta arrasa

Afecta, aunque de distinta manera, a personas e instituciones. A los ciudadanos nos priva de la alegría de la fiesta, nos obliga a regresar a casa despojados de carroza y sin los zapatitos de cristal. 

De momento nos deprime, pero pensamos que ya queda menos para salir del túnel. En cambio en las instituciones, sobre todo en los ayuntamientos, la angustia de la Cenicienta arrasa. 

Se apodera de alcaldes y concejales, de todos los colores, que se ven desbordados por las circunstancias. Para controlar lo que se les pide no poseen las varitas mágicas de los cuentos de Charles Perrault, necesitan ayuda. Dénsela.

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