Fiesta en la Casa Blanca, el discurso de un vicepresidente borracho... así han sido los traspasos de poder en EE UU

El presidente electo de EE UU, Donald Trump, jura como 45º presidente de los Estados Unidos sobre dos biblias, una de su propiedad y otra que usó Abraham Lincoln en su primera toma de posesión, durante la ceremonia oficial de investidura ante las escalinatas del Capitolio, en Washington DC.
El presidente electo de EE UU, Donald Trump, jura como 45º presidente de los Estados Unidos sobre dos biblias, durante la ceremonia oficial de investidura ante las escalinatas del Capitolio, en Washington DC.
JUSTIN LANE / EFE

"Recordaremos este día como el día en que la gente volvió a tener el control de su gobierno". Esta fue una de las frases más destacadas del discurso que Donald Trump pronunció el 20 de enero de 2017 frente al Capitolio, ante una multitud que le aclamaba como el salvador de Estados Unidos. 4 años después, ese mismo lugar ha significado el fin de la era Trump y, como mínimo, una serie de juicios por los que puede ser condenado tras el asalto producido.  

El acto de la toma de posesión de 2017, donde Obama dejaba de ser presidente, fue la primera polémica de Trump e iba a marcar su actitud durante sus 4 años de legislatura. Fue en relación al número de asistentes al discurso en torno al Capitolio. "Vi como 1 millón, 1 millón y medio de personas", aseguró el magnate sin ningún tipo de argumento. Los datos que aportó el metro de Washington indicaban una cifra mucho menor, pero a Trump no le importaba. Él decía la verdad. Para los siguientes 4 años iba a haber dos verdades, las de Donald y las argumentadas. 

Pero su mandato ha llegado a su fin y, tras las elecciones del pasado 3 de noviembre, el demócrata Joe Biden tomará posesión del cargo el próximo miércoles 20 de enero. Lo hará por primera vez en 152 años sin que su antecesor esté presente en el acto, ya que Trump ha asegurado que no acudirá. Con o sin él, Biden pasará a ser el presidente número 46 de la historia de Estados Unidos. En las consecuentes tomas de posesión han sucedido episodios variados, desde fiestas descontroladas hasta un vicepresidente que acudió borracho al evento. 

20.000 personas borrachas en La Casa Blanca 

El séptimo presidente de Estados Unidos, Andrew Jackson, entró a la presidencia por todo lo alto. Era el primer presidente que no formaba parte de la aristocracia y eso provocó que sus seguidores fuesen más numerosos, porque se veían identificados con él. 

La toma de posesión del cargo se produjo el 4 de marzo de 1829. Tras el acto, miles de personas decidieron entrar en La Casa Blanca para estrechar la mano con el nuevo presidente. Así, poco a poco se fue llenando el edificio y un total de 20.000 personas ocuparon las diversas salas. Comenzaron a beber alcohol, mayoritariamente whisky, y la situación se descontroló. Se produjeron peleas, robos e incluso una avalancha humana que casi acaba con la vida del presidente Jackson, que tuvo que salir por una puerta trasera. 

La fiesta terminó, aseguraron los asistentes, porque les prometieron que les darían más alcohol en otro lugar cercano a La Casa Blanca. Aun así, se destrozaron lujosas alfombras y tapices, al igual que cuadros y jarrones. 

Los presidentes que no acudieron al acto de su sucesor

Trump ha asegurado que no acudirá a la ceremonia de la toma de posesión de Biden. Sigue con su discurso de fraude electoral, aunque tiene asumido que sus días en La Casa Blanca han llegado a su fin. Sin embargo, no es el primero que renuncia a asistir al acto de su sucesor. Contando a Trump, son ya cuatro los presidentes que no lo han hecho. 

Dichos dirigentes son John Adams (1797-1801); John Quincy Adams (1825-1829); Andrew Johnson (1865-1869). Cada uno lo hizo por una razón diferente. Adams decidió no acudir al acto del nuevo presidente, Thomas Jefferson, a pesar de que era su número dos. Alegó que el país había vivido una campaña electoral muy tensa, llegando incluso a poner en riesgo la legitimad de las instituciones democráticas, por lo que prefirió no acudir. 

Su hijo y también presidente, John Quincy Adams, no asistió a la inauguración de su sucesor Andrew Jackson en 1829. La relación entre ambos era muy tensa y Jackson le acusó en 1824 de haber ganado las elecciones debido a diversas corruptelas. A pesar de que hubo varios intentos de reconciliación, cuando Adams hijo perdió las elecciones en 1829, decidió no acudir a la toma de posesión de Jackson. 

Por último, Andrew Johnson es el que más similitudes tiene con Donald Trump. Era el vicepresidente con Lincoln, y tras su asesinato se erigió como presidente del país. Tras una serie de escándalos, fue procesado por la Cámara de Representantes y el Partido Republicano se negó a nominarlo como candidato. Ulysses S. Grant, su sucesor como presidente, vio como Johnson no solo no acudía a la ceremonia, sino que estuvo hasta el último día legislando y ejerciendo de presidente, como si nunca fuese a dejar el cargo. 

El 'whisky medicinal' que se tomó un vicepresidente

Otro de los momentos más recordados en la historia de las tomas de posesión en Estados Unidos lo protagonizó Andrew Johnson, vicepresidente de Abraham Lincoln, en 1865. Ocurrió antes de suceder en el cargo a Lincoln, cuando juró su cargo en los alrededores de La Casa Blanca. 

Tras el juramento, comenzó a pronunciar su discurso ante los asistentes al acto. Allí, estos no tardaron demasiado en que algo raro estaba sucediendo, porque la pronunciación de las palabras de Johnson no era la habitual. A medida que seguía hablando se hacía más obvia su situación, estaba borracho. 

Desde el ejecutivo no tuvieron otra opción que dar la cara, y aseguraron en la versión oficial que todo se debió a un 'whisky medicinal' que Johnson estaba tomando para combatir una malaria. La versión no convenció demasiado a los estadounidenses y Lincoln tuvo que salir en su defensa: "Conozco a Andrew Johnson desde hace muchos años. Tuvo un resbalón el otro día, pero no se asusten; no es un borracho", concluyó. 

Los canarios que murieron congelados

Por último, una de las anécdotas que más se recuerdan en las tomas de posesión de un presidente es la que protagonizó Ulysses S. Grant en 1873. El sucesor de Andrew Johnson decidió que, ya que este no iba a acudir a su ceremonia, se podían traer a 100 canarios para que cantasen durante el acto. 

Y, como no podía ser de otra manera, así se hizo. Cuando Grant llegó al Capitolio, estaban los 100 pájaros en sus jaulas preparados. Sin embargo, no contaron con el clima. Ese día Washington estaba nublado y la temperatura era muy baja. Tanto era así, que la gran mayoría de los animales murieron durante la ceremonia a causa de una congelación. 

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