Ana Luisa Valdes
Ana Luisa Valdes, en la cafetería del hotel Bethlehem, en la ciudad de Belén. (J. M. M.) JOSÉ MARÍA MARTÍN

Hablar con Ana Luisa Valdés sobre el conflicto que viven Israel y Palestina es como hacerlo con un libro abierto. Tal vez alguno de esos once que ella misma tiene editados. Ana ha estado en Palestina siete veces y está considerada una especialista en la materia, de la que escribe con asiduidad en los medios de comunicación.

Los palestinos han sido utilizados como peones

Estuvo encarcelada cuatro años en su país natal, Uruguay, tras lo que tuvo que exiliarse a Suecia, lugar en el que vive y trabaja desde entonces.

Ana es una firma de prestigio allí, donde escribe en el periódico más grande del país, Dagens Nyheter, y en otras cabeceras como las de la revista Ordfront o el semanario uruguayo Brecha.

Teniéndola enfrente en la cafetería del hotel Bethelehem, en la ciudad de Belén, y tras un día complicado por los ataques de Israel sobre Palestina en Gaza, no es difícil darse cuenta de que es una de esas personas a las que vale la pena escuchar.

Pero lo que más destaca de ella, como dice mi compañero y amigo de radio Ecca, Juan Carlos Atta, es que, ante todo, “transmite muy buen rollo”.

Naciste en Montevideo y ahora estás en Suecia, ¿cómo ha sido todo?

Bueno, en mi caso no fue por elección. Yo digo que a mí me mandaron a Suecia porque me metieron en la cárcel, con 19 años, cuando estaba en la guerrilla, en Uruguay. Era muy joven y a los 23 me preguntaron si quería irme a Suecia o seguir en la cárcel, así que estaba claro.

Estabas en la guerrilla, ¿contra qué luchabas exactamente?

Luchaba contra la dictadura militar uruguaya y la falta de democracia. En mi país había una corrupción política que hacía que la democracia no funcionara. Los Tupamaros (MLN-T) se crearon en los sesenta para luchar contra ello. Nosotros, los más jóvenes, éramos muy idealistas.

Para mí el Che Guevara era como Cristo. Lo paradójico es que luchábamos por la igualdad, aunque veníamos todos de la clase alta, con lo que también era una lucha contra nuestros padres, a los que acusábamos de ser corruptos, de ser indiferentes.

¿Cómo fueron tus años en la cárcel?

Fueron duros. Nos torturaban a diario y vivíamos en condiciones muy malas. Sin visitas, sin libros, sin papel, sin tele, sin teléfono, sin cine… era como una especie de Guantánamo, en donde vivíamos todo el día en tensión.

¿Cuántos jóvenes fueron a parar a las celdas de las cárceles uruguayas por entonces?

Éramos 20.000 presos políticos, entre 2.000.000 de habitantes. Se llegó a decir desde Amnistía Internacional que Uruguay era el campo de concentración más grande del mundo.

¿Y por qué Suecia?

Ha sido un país de tradición abierta con la gente, de acogida a la gente que salía de sus países y se iba al exilio. Es un país realmente generoso, y nos pagó un año de estudios, casa… al cabo de ese tiempo ya hablaba sueco bien y empecé a trabajar por mi cuenta. Me sentí en mi casa enseguida.

¿Cómo te ganabas la vida?

Pues empecé como maestra. Yo les enseñaba a los niños matemáticas, inglés… y ellos me enseñaban a mí sueco, así que ellos se sentían muy útiles. Luego me puse a escribir y acabé haciéndolo a tiempo completo.

Hasta que llegó tu primer libro, claro.

Tuvo muy buena acogida, la verdad. Yo tenía cuidado de no hablar de la cárcel en ese momento, así que hice un libro poético. Lo tradujeron también al sueco y me ofrecieron trabajo en los periódicos y en distintas publicaciones, por lo que comencé a trabajar directamente en sueco.

Y luego hubo más…

He publicado once libros, y algunos han sido editados en los dos idiomas. El último es en el que hablo de mi cárcel. Me influyó mucho Palestina porque aquí fue donde me di cuenta de que tenía que escribir sobre las cárceles.

¿Por qué motivo llegaste hasta aquí por primera vez?

Vine por primera vez en el año 2000 y éste ha sido mi séptimo viaje. Al primero de ellos me envió el Gobierno sueco para hacer una gira por los centros culturales en los campos palestinos. Ellos invierten mucho trabajo y dinero en la educación porque saben que es la única forma de avanzar.

Desgraciadamente, la situación para los palestinos ha ido a peor para los palestinos.

Sí, mi primer viaje coincidió con la Segunda Intifada. En ese momento recuerdo que Belén, donde estamos ahora, estaba vacía, desierta.

Éramos cuatro turistas en la iglesia de la Natividad. Los israelíes habían bombardeado la ciudad y en este hotel en el que estamos ahora se produjo un ataque con disparos que rompió todas las ventanas. Simplemente, no querían que Belén tuviera divisa por el lado del turismo, porque la ciudad había hecho un gran esfuerzo para levantar la industria hotelera con la llegada del segundo milenio.

Claro, los israelíes no querían que los palestinos tuvieran una economía propia, así que echaron abajo las construcciones de Belén, que es una ciudad bastante insignificante, para nada militarmente importante.

También habría que hablar del conflicto existente, no ya con Israel, sino dentro de la propia Palestina…

Cuando muere Arafat empieza a aparecer el Al Fatah corrupto

En el año 2000 Fatah todavía tenía cierta credibilidad, gracias a Arafat. Era un hombre muy carismático, a pesar de las acusaciones de corrupción.

Él tenía un valor histórico para todo el mundo, e incluso Hamás le respetaba mucho. Pero cuando muere, comienza a aparecer el Fatah corrupto, y ése es el problema que hay ahora: el voto popular pro Hamás que fue depositado por la gente fue un voto de castigo a Fatah, no otra cosa.

No se trataba de que la gente de repente se hubiera vuelto fundamentalista, hubiera cogido el burka y se quisieran poner a andar por ahí con las banderas verdes. Sólo querían decirle a Fatah que dejaran de ser corruptos. Arafat se metía el dinero público en su propio bolsillo porque él usaba Palestina como si fuera su propia casa.

¿Y nunca ha habido ninguna otra alternativa en Palestina?

Precisamente estaba ahí el problema. Hamás, de hecho, en ese momento estaba financiado por el MOSSAD, el servicio secreto israelí, y también por la CÍA norteamericana porque Hamás era un contrapeso contra Arafat, ya que EE UU e Israel tenían miedo de que él sí lograra el estado Palestino. Si alguien ha podido conseguirlo, ha sido Arafat.

Sin embargo, cuando llega Hamás al poder por la vía democrática, los que antes lo financiaban se encargaron de que no pudiera ejercerlo…

Exactamente, es el mismo fenómeno que pasó con Saddam Husein. Cuando fue elegido hombre del año, tras la guerra de Irán e Irak, por la revista Time, quedaba claro que EE UU estaba con él. Sin embargo, luego se da la vuelta y se convierte en el enemigo de turno. Es una táctica conocida que han usado en otras ocasiones: con Noriega, en el Canal de Panamá, o con el mismo Hugo Chávez, que también estuvo un tiempo pagado por la CÍA.

Se veía venir, y el ataque israelí en la franja de Gaza ha llegado, incluso con bastante más virulencia de la que se esperaba, ¿puede ser éste el principio de una ocupación israelí?

Yo creo que sí, y que lo vienen preparando desde hace dos años, cuando sacaron a los colonos del territorio. En este momento no hay ningún colono allí, en Gaza, por lo que a Israel le es fácil tratar a todo el territorio como enemigos, porque todos, civiles, mujeres y niños también, son simpatizantes de Hamás.

Sin embargo, se estaba negociando una tregua en Egipto…

Eso ha sido una trampa, porque aquí no hay nunca treguas abiertas, es una política bizantina: siempre hay tres o cuatro escenas posibles. De hecho, los 80 cohetes que en teoría lanzó Hamás a territorio israelí sin causar una sola víctima es probable que se trate de una manipulación.

Hamás no es una organización tonta, no puede tirar 80 cohetes sin que haya una sola diana. Parece más bien una excusa para entrar en Gaza.

¿Palestina se ha quedado sola definitivamente?

Palestina siempre ha estado sola desde que la vendieron en el 48. Abdalah ‘el loco’ de Jordania le dio la tierra a los judíos diciéndoles que esta parte de la tierra estaba vacía. Y es que los palestinos siempre han sido utilizados como peones en el ajedrez: los usas, los manipulas, te los llevas por ahí o para el otro lado.

Se va a hacer una cumbre entre los países árabes para que cese el alto el fuego, ¿servirá de algo?

No lo creo, porque ha habido cientos de miles de cumbres y nunca se ha logrado nada porque no hay voluntad de paz. Estas guerras las fomentan los fabricantes de armas, que son los que ganan siempre.

¿Y cuál sería la solución?

No creo que la haya en nuestras vidas, ni en la de nuestros hijos. Este conflicto se ha convertido en emblemático, porque Israel todavía se está cobrando el cheque en blanco del Holocausto. Ahí está el problema. Hay un escritor estadounidense, judío, que se llama Jeff Harper que lo resume todo en una frase: “No hay nada peor que ser víctima de una víctima”. Todo lo que haga Israel se le permite, está claro, y parece que las vidas palestinas no tengan ningún valor.

¿Ni siquiera eres optimista en las próximas elecciones israelíes o con la última elección de Barack Obama en EE UU?

Lo único que puede cambiar algo las cosas es la elección de Obama, porque las señales que vienen de Washington aquí son siempre escuchadas con mucha atención. Este país, Israel, se sostiene por la ayuda norteamericana.

Israel nunca podría pagar una ocupación tan cara sin la ayuda de EE UU. Sin embargo, los asentamientos son uno de los mayores problemas que hay. Los colonos ya están ocupando un terreno, ¿dónde se metería a esa gente? Israel es muy pequeño. Yo creo que este país debería ser un Estado único en el que israelíes y palestinos compartieran la tierra.

Pero eso ya lo propuso Palestina…

Sí, pero la solución de un solo estado implicaría que los judíos serían minoría. Y eso no lo pueden permitir, por historia, por sionismo... no lo pueden permitir.

¿Tras una semana aquí, con qué sensaciones te vas?

Me voy muy triste y muy frustrada, pero vuelvo en febrero. Uno no puede venir aquí e irse indiferente. Habría que traer a todo el mundo para que vean con sus propios ojos lo que pasa, porque estos viajes abren los ojos. Yo vuelvo en febrero con un grupo de españoles a Rafah, en la franja de Gaza.