Jesús Porta, neurólogo, sobre la parosmia y la cacosmia: "A una paciente el café le olía a putrefacción"

Dr. Jesus Porta
Dr. Jesus Porta
SOCIEDAD ESPAÑOLA DE NEUROLOGÍA

Jesús Porta, presidente de la Sociedad Española de Neurología, está acostumbrado a escucharlo, pero para el resto de los mortales no es algo normal. ¿Pacientes que se quedaron sin olor y sin sabor y ahora lo recuperan de manera extraña? ¿Enfermos a los que el café no les sabe a café o la colonia les huele mal? Resulta que ni es tan raro ni es único de la Covid

¿Hay pacientes que perdieron el olor y el sabor por el coronavirus y ahora que lo han recuperado se quejan de que todo huele y sabe diferente? ¿Tienen constancia de esto?

Sí, es algo muy habitual cuando hay una lesión del nervio olfatorio, aunque no sea directo. Hay pacientes en los que esa regeneración es inmediata, pero hay un grupo de pacientes que tardan un poquito más en recuperar y son los que tienen este fenómeno. 

¿Pero ya pasaba antes de la Covid?

A estos pacientes los hemos visto desde hace años, sobre todo por infecciones virales, que era lo que antes producían más anosmias [pérdida total del olfato] hasta que ha llegado este maldito 'bichito.

¿Qué tipos de pacientes ven?

Lo más habitual es que los pacientes se recuperen en dos, cuatro semanas completamente y no tengan ningún fenómeno extraño. Luego hay un porcentaje de pacientes que tienen una recuperación parcial, evolutiva. Esto quiere decir que durante un tiempo van a estar oliendo normal, pero oliendo menos. Y luego hay pacientes en los que, cuando se regenera la neurona, el estímulo al que responden es distinto al que estaba predeterminado. Esto pasa con cualquier infección viral que produce este tipo de lesiones o incluso tóxicos que también destruyen la mucosa y a veces la neurona olfativa.

¿Quiere decir que olores habituales les huelen de manera distinta? ¿Cómo pasa eso?

Si a mi se me estimula un receptor que habitualmente es el de las rosas, pero activa una zona del cerebro que corresponde a quemado de electricidad, pues yo voy a percibir las rosas como a quemado de electricidad. Esto es lo que se llama parosmias, es decir, que huelen algo distinto a lo que deberían oler, por ejemplo una colonia que puede oler a putrefacción.

¿Cómo es posible?

Yo al final siento y veo lo que dice mi cerebro. Los sentidos solo son decodificadores. Donde vemos, donde oímos, donde olemos… al final es en el cerebro.

¿Pero qué pasa en el cerebro para que ocurra algo así?

Cuando crece el nervio, el estímulo oloroso que le llega estimula una zona del cerebro que corresponde a otro olor. Por ejemplo, casi siempre ocurre con olores desagradables. A una paciente mía le pasaba que el café de las mañanas le olía a putrefacción. El momento más feliz de su vida, que era el café matutino, pues de repente era algo totalmente desagradable. La frase que me dijo cuando vino a mi consulta fue "creía que lo peor que me podía pasar era perder el olfato, pero hay cosas peores".

Pobrecilla...

Tenía toda la razón. Al final tenemos una emotividad asociada a un olor. Imagínate que todos los olores de tu vida se transforman en algo desagradable.

¿Tiene solución?

Ella ahora está perfecta. Al final esto es un dato de buen pronóstico. Es mejor que tengan esto a que se queden sin el olfato, pero para los pacientes es realmente desagradable, claro.

¿A qué parte del cerebro afecta esto?

Lo que pensamos es que no afecta directamente, pero sí indirectamente, a las neuronas sensitivas olfativas, que tienen unas estructuras alrededor. Por la recuperación tan precoz que tienen muchos de estos pacientes, pensamos que el daño fundamental que hace el coronavirus es en las células de sostén de la neurona sensitiva olfativa, no directamente en la neurona, aunque hay pacientes que se les lesiona, que puede ser por la liberación de citoquinas o por la invasión directa del virus, aunque pensamos que eso es muy poco frecuente.

O sea que no daña tanto lo que es el cerebro como los receptores.

Eso es. Es como si tú tienes en tu casa el tendido eléctrico, todo funciona perfectamente, pero se te rompe el interrumpor y el electricista te pone uno nuevo y los mutas. Es decir, el que corresponde a la luz del salón te lo pone al pasillo y el del pasillo al salón. No sé si me explico bien. Algo parecido pasaría en el cerebro porque donde olemos realmente es en el cerebro.

¿Tiene tratamiento?

Fundamentalmente hacemos rehabilitación olfativa. Les damos una serie de olores, habitualmente cuatro, y entonces los pacientes intentan memorizar el olor para hacer una relación directa con la neurona cerebral que le corresponde. En fase aguda ponemos corticoides intranasales y luego ya en pacientes de parosmias y cacosmias lo que les suelo poner yo son neuromoduladores, que son fármacos que hacen que el sistema nervioso central no tenga una hiperexcitabilidad, y entonces se les normaliza un poquito el olor o no tienen unos registros tan fuertes o tan desagradables como pueden tener los enfermos.

La buena noticia es que en teoría terminarán recuperándolo, ¿no?

Casi con toda seguridad.

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