De prostitutas en el Camp Nou a voluntarias sociales para dar una nueva vida a otras transexuales

  • Un colectivo de ex trabajadoras sexuales entregan alimentos como voluntarias en la parroquia de Santa Anna del centro de Barcelona y ayudan a excompañeras de profesión a salir de la calle.
Astrid Daniel, la segunda por la derecha, junto a algunas de sus compañeras transsexuales de la asociación Santa María Magdalena.
Astrid Daniel, la segunda por la derecha, junto a algunas de sus compañeras transsexuales de la asociación Santa María Magdalena.
HUGO FERNÁNDEZ

Astrid González (Colombia, 1968) tiene una biografía propia de una película. A sus 53 años ha sufrido el abandono de su padre, que fue cocinero en la hacienda del narco Pablo Escobar, el suicidio de su madre, violaciones cuando solo era un niño llamado Daniel y varias entradas y salidas de las duras cárceles de su país. Se ha pasado más de 40 años en la calle, muchos de ellos como prostituta transexual. De ese periplo guarda huellas visibles: las de 57 puñaladas y tres disparos. 

Hace seis años que llegó a Barcelona tras recorrer 90 ciudades de 30 países y en los alrededores del Camp Nou encontró su lugar de trabajo en la prostitución. Pero la visita de un voluntario de una asociación religiosa cambió su vida. Se pudo reinsertar en la sociedad, se acercó a la fe, y ahora ayuda a otras excompañeras de oficio a conseguir una nueva vida. 

Durante el confinamiento estricto de la primavera de 2020, a causa de la pandemia de la Covid, ayudó a una veintena de compañeras transexuales a las que acompañó y llevó alimentos.

Con la crisis sanitaria, ellas han tomado un papel de ayuda social muy activo en uno de los puntos de Barcelona donde más se deja notar la irrupción de la pobreza o su encarnizamiento. Cada día reparten comida a los centenares de necesitados que se acercan hasta la parroquia de la calle Santa Anna.

Inserción en la sociedad del colectivo 'trans'

Esta labor de la asociación toma un significado especial cuando se acerca la fecha de celebración del Día del Orgullo LGTBI, el 28 de junio, y con la emergencia de testimonios como el del documental de Netflix Disclosure (Revelación) que muestra cómo el colectivo transexual comienza a integrarse lentamente en la sociedad occidental con roles normalizados y no marginales. A estos últimos es a los que han estado condenados durante siglos y de los que salen gracias al trabajo de activistas como Astrid.

Astrid Daniel, en primer término, junto a algunas de sus compañeras transsexuales de la asociación Santa María Magdalena.
Astrid, en primer término, junto a algunas de sus compañeras transexuales de la asociación Santa María Magdalena.
HUGO FERNÁNDEZ

La asociación religiosa se inspiró para su creación en el caso real que relata la película Mary’s Land, de Juan Manuel Cotelo. Es el de Salvador Íñiguez, que reparte rosarios por las noches entre las prostitutas que trabajaban en las calles de Guadalajara, en México.

Un abogado barcelonés se basó en su ejemplo y decidió acudir en octubre de 2016 a los alrededores del Camp Nou de Barcelona, conocida zona de prostitución transexual, para conversar con ellas, y para ir sacando de este mundo y convirtiendo en voluntarias a algunas de ellas. 

Este acompañamiento basado en el "contacto humano", como nos explica su tutor, Jordi Bosch Codina, director de Relaciones Institucionales del Banco Farmacéutico, para conseguir su reinserción laboral, va dirigido tanto a prostitutas que trabajan en la calle como en locales, sean o no transexuales.

Astrid ha publicado junto a Ignacio el libro Transformada (Freshbook) en el que narra su complicada vida y su providencial cambio de rumbo a través del encuentro con su mentor y de la fe religiosa, y que resume esta frase suya: “Uno ha de tratar de sobrevivir, no dejarse llevar por la angustia y la desesperación, y hay que tener esa chispa para intentar superar los dolores y las situaciones. Yo lo logré”.

Solo una de cada cinco 'trans' consigue trabajo

Según los estudios que manejan las principales entidades que representan al colectivo LGTBI, solamente una de cada cinco personas del colectivo transexual accede a un trabajo en España, y entre las que lo consiguen lo hacen en puestos precarios. La incidencia de la transexualidad en la población se sitúa entre el 0,14 y el 0,26 por cada 100.000 habitantes y año.

Estas estadísticas comienzan a invertirse gracias a la creciente aceptación de la transexualidad tanto a nivel familiar como social, lo que supone un mayor acompañamiento a las personas en su proceso de cambio de sexo y se traduce en mayores oportunidades laborales.

Pero entre las ciudadanas extranjeras trans, el índice de prostitución sigue siendo muy elevado, superando el 89%, en datos recogidos por la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB), que representa a más de medio centenar de asociaciones.

La exclusión se ceba especialmente con las mujeres extranjeras y de mayor edad, alertan desde las principales entidades LGTBI.

El informe Ser trans en la Unión Europea concluye que más de uno de cada tres encuestados (el 37%) se han sentido discriminados o acosados en los últimos 12 meses por el mero hecho de ser trans a la hora de buscar empleo y un 27% ha sufrido discriminación dentro del entorno laboral.

Crecen las agresiones homófobas 

El Observatori Contra L’homofòbia (OCH) alerta de que la violencia contra el colectivo LGTBI en Cataluña se disparó un 20% en el pasado año 2020, en el que se registraron 125 incidencias, muchas de las cuales tuvieron lugar en el espacio público. Solo el último fin de semana del pasado mes de mayo, se produjeron en la capital catalana tres agresiones homófobas con seis víctimas que denunciaron lo ocurrido. En el primer trimestre del año, los Mossos d'Esquadra han recibido 30 denuncias por ataques homófobos.

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